El perspectivismo de Ortega y Gasset: La doctrina del punto de vista y la realidad radical
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La doctrina del punto de vista
En Verdad y perspectiva (un breve escrito de 1916 que abre el primer tomo de El Espectador), José Ortega y Gasset nos explica que en la tradición filosófica se han dado dos interpretaciones opuestas del conocimiento:
- El objetivismo o dogmatismo: La mayor parte de los autores han defendido este punto de vista, particularmente Platón.
- El escepticismo o subjetivismo: Implica el relativismo y termina negando la posibilidad de la verdad (escepticismo) y del acceso al mundo, concluyendo en la idea de que nuestro conocimiento se refiere únicamente a la apariencia de las cosas. Los partidarios más importantes del subjetivismo han sido, en la Antigüedad, los sofistas y, posteriormente, Nietzsche.
Estas dos doctrinas opuestas tienen, sin embargo, un mismo fundamento; parten de un mismo principio y ambas admiten una tesis errónea: la creencia en la falsedad del punto de vista del individuo. Veamos cómo se forman y bifurcan a partir de este mismo principio:
- Dado que no existe más que un punto de vista individual y que las peculiaridades del individuo deforman la verdad, la verdad no existe. Así surge el subjetivismo, relativismo o escepticismo (corrientes que en este contexto Ortega tiende a identificar).
- En oposición, los defensores del objetivismo, dogmatismo o racionalismo (que también tiende a identificar en este marco) alegan: la verdad existe, y si existe, tiene que existir igualmente un punto de vista sobreindividual, situado por encima del individuo.
La superación orteguiana: el valor del punto de vista
Ortega insiste con frecuencia en el error de este presupuesto: el punto de vista individual es legítimo porque es el único posible; es el único desde el que puede verse el mundo en su verdad. La realidad, si es tal, siempre se muestra de ese modo. La mirada y el universo, el yo y la circunstancia, son correlativos y se requieren mutuamente: la realidad no es una invención, pero tampoco es algo independiente de la mirada, pues no se puede eliminar el punto de vista.
Con sus propias palabras, el sujeto es más bien un «aparato receptor» capaz de captar cierto tipo de realidad y no otro. En la experiencia de conocimiento se produce una selección de la información: de la totalidad de cosas que componen el mundo (fenómenos, hechos, verdades), muchas son ignoradas por el sujeto cognoscente por no disponer de órganos o «mallas de su retícula sensible» adecuados para captarlas, mientras que otras logran pasar a su interior.
Lo mismo ocurre con las verdades: en cada individuo su psiquismo, y en cada pueblo y época su «alma», actúa como un «órgano receptor» que faculta en cada caso la comprensión de ciertas verdades e impide la recepción de otras. La propia esencia de la realidad es perspectivística y multiforme; todo conocimiento está anclado en un punto de vista y en una situación concreta, puesto que, en función de su constitución orgánica y psicológica y de su pertenencia a un momento histórico y cultural, todo sujeto de conocimiento se encuentra situado en una perspectiva, en un lugar vital determinado. Por ello, precisamos de una noción de razón que sea capaz de recoger las dimensiones perspectivísticas de la realidad: la razón vital e histórica.
Realidad y perspectiva
La realidad radical, aquella con la que me encuentro al margen de toda interpretación o teoría, es mi vida. Conviene entender con precisión esta expresión orteguiana: radical no quiere decir única, ni la más importante; significa simplemente que es la realidad en la que radican o arraigan todas las demás realidades, pues todas ellas (efectivas o presuntas) tienen, de un modo u otro, que aparecer en ella: en mi vida. Dicho de otra manera: la vida, mi vida, es el supuesto ontológico de la noción y del sentido mismo de la realidad, la cual solo resulta inteligible o comprensible desde ella.
Aparece así la noción de perspectiva que, lejos de constituir una deformación o falsificación de la realidad, representa para Ortega la única vía legítima para acceder a ella y conocerla. La realidad solo puede ser vista y comprendida bajo una determinada perspectiva, desde un punto de vista concreto que constituye su propia organización. Esta, inalterable de por sí, adquiere de este modo una ineludible dimensión histórica y vital.
Cabe considerar, por otra parte, la posibilidad de concebir la verdad absoluta como la suma o articulación armónica de todas las perspectivas, atributo que Ortega asigna propiamente a Dios. El ser del mundo no es ni pura conciencia ni pura materia, sino perspectiva. La perspectiva es la condición indispensable del conocimiento de lo real, ya que la realidad solo se nos presenta a través de distintos puntos de vista interconectados que necesitan integrarse. Lejos de absolutizar el mundo de forma excluyente, la perspectiva asume que el mundo es, intrínsecamente, una pluralidad de miradas.
Finalmente, en el pensamiento orteguiano, la perspectiva se encuentra íntimamente emparentada con la circunstancia: es la circunstancia concreta la que marca nuestra peculiaridad dentro del mundo y la que delimita el horizonte de una perspectiva genuinamente humana e histórica.