Pitágoras y la Filosofía Pitagórica: Un Legado de Misticismo, Números y Armonía Cósmica

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Pitágoras: Vida, Secta y Legado Filosófico

Pitágoras (c. 572-496 a. C.) nació en Jonia y se trasladó a Crotona, donde fundó una secta filosófico-religiosa. En esta comunidad, hombres, mujeres y niños vivían en régimen de bienes compartidos. Su influencia en Crotona fue enorme, dando origen a varias leyendas. La secta consiguió restablecer su presencia en la Magna Grecia, hasta que el movimiento democrático del siglo V a. C. la dispersó nuevamente.

Contenido Místico-Religioso de la Filosofía Pitagórica

Los pitagóricos introdujeron la importancia de lo espiritual en el pensamiento racional. Concebían al hombre como un compuesto de cuerpo y alma, donde el cuerpo era considerado la cárcel del alma, la cual es inmortal. La vida era vista como un proceso de purificación del alma, liberándola de la contaminación que le suponía el contacto con el cuerpo.

Aceptaron la doctrina de la transmigración de las almas (metempsicosis) y, en consecuencia, afirmaron la existencia de un parentesco entre todos los seres vivos.

(Parece que Pitágoras creyó en la posibilidad de reencarnarse en un eterno retorno de los mismos acontecimientos en ciclos cerrados.)

Los pitagóricos practicaban numerosas reglas de abstinencia, así como diversas normas rituales y morales, cuyo objetivo era la purificación del alma. Al lograr una perfecta purificación en sus múltiples reencarnaciones, las almas pasarían a ocupar un puesto entre los inmortales.

Cosmología Pitagórica: Números, Armonía y el Cosmos

En la cosmología pitagórica se reunían diversas doctrinas que convergían en una explicación global del cosmos. Se decía que primero existió la Unidad, rodeada por lo Ilimitado. Luego, la Unidad creció y se dividió en dos; el vacío de lo Ilimitado se introdujo en medio y mantuvo las dos partes separadas, dando origen al número dos y la línea. Posteriormente, se generaron el número tres y el triángulo, el cuatro y el tetraedro, y así sucesivamente.

El mundo era descrito como un cosmos en armonía, lo que lo hacía más inteligible y anticipaba las doctrinas de Copérnico. El cosmos era concebido como una esfera en cuyo centro había una esfera de fuego originario. A continuación, venían los cuerpos celestes en el siguiente orden:

  • La Antitierra
  • La Tierra
  • La Luna
  • El Sol
  • Los cinco planetas conocidos
  • El cielo de las estrellas fijas

Una esfera de fuego envolvía todo este conjunto. El movimiento de las esferas celestes producía una maravillosa música, que no podemos oír por estar acostumbrados a ella. Esta música y armonía podían ser traducidas en números. Esta era la visión del universo de una escuela que supo conciliar mística y ciencia.