La Política Exterior de Felipe II: Hegemonía y Conflictos

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Durante el reinado de Felipe II, España alcanzó su máximo poderío internacional, basado en la unidad y la defensa del Catolicismo. Sin embargo, el precio de mantener esa hegemonía internacional conllevó un gran desgaste, sacrificando buena parte de los recursos de una monarquía cada vez más exhausta.

Guerra contra Francia

Al iniciar su reinado, España se encontraba en guerra contra Francia. Las tropas de Felipe II vencieron en dos batallas clave: San Quintín y Gravelinas. Francia reconoció la derrota y firmó la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559. Felipe II, que se encontraba viudo, contrajo matrimonio con Isabel de Valois, hija del rey de Francia, Enrique II. Esto marcó una etapa de tranquilidad con Francia, que reconocía el predominio de España en Italia.

Conflicto con el Imperio Otomano en el Mediterráneo

El enfrentamiento con el Imperio Otomano fue otro problema heredado. Los turcos, en su avance por el Mediterráneo, ocuparon Chipre, territorio de Venecia. Para detenerlos, se estableció una coalición entre diversos estados cristianos: la Liga Santa, integrada por Venecia, el papa Pío V y Felipe II. Al frente de la escuadra cristiana estaba Don Juan de Austria, quien derrotó a la flota turca en la decisiva Batalla de Lepanto en 1571. Fue un gran éxito que contribuyó a debilitar a los otomanos en el Mediterráneo durante años.

La Sublevación de los Países Bajos

Felipe II heredó de su padre los territorios que hoy corresponden a Bélgica, Holanda, Luxemburgo y algunos departamentos del noroeste de Francia. La propagación del Calvinismo y el Protestantismo contribuyó a la extensión de un movimiento independentista, que Felipe II no estaba dispuesto a admitir ni religiosa ni políticamente. El Duque de Alba obtuvo diversos éxitos frente a los rebeldes, pero no logró pacificar completamente el territorio. Los Países Bajos se dividieron en dos zonas: el sur, católico y fiel a Felipe II, y el norte, mayoritariamente protestante y en contra del monarca español. El norte, liderado por Holanda, apostó por la independencia, constituyendo un nuevo estado: las Provincias Unidas. Tras el Duque de Alba, fueron enviados otros gobernadores, como Don Juan de Austria, que falleció allí, y Alejandro Farnesio, cuya habilidad permitió que la parte sur del país, católica, se mantuviese leal a Felipe II. Sin embargo, la zona norte permanecería independiente durante todo su reinado.

Conflicto con Inglaterra

Al comienzo de su reinado, Felipe II contrajo matrimonio con la reina de Inglaterra, María Tudor, quien falleció poco después. A María Tudor le sucedió Isabel I, cuya política consistió en apoyar a todos los enemigos de España, incluyendo la sublevación de los Países Bajos. Por ello, Felipe II decidió enfrentarse a Inglaterra. En 1588, una enorme flota, conocida como la "Armada Invencible", partió de Lisboa rumbo a los Países Bajos para recoger al ejército de Alejandro Farnesio y desembarcarlo en las costas inglesas. El plan fracasó: los ingleses establecieron una mejor estrategia, utilizando buques más pequeños y de más rápido movimiento, y las tempestades contribuyeron a desorganizar la escuadra. La mitad de los barcos y de los hombres se perdió en su regreso al circunnavegar las Islas Británicas.

La Incorporación de Portugal

En 1578, el rey de Portugal, Sebastián I, falleció en la Batalla de Alcazarquivir sin descendencia, lo que planteó un problema sucesorio. Felipe II resultó ser el legítimo heredero. Tras una pugna con Antonio, Prior de Crato (candidato bastardo), las Cortes de Tomar reconocieron en 1580 a Felipe II como rey de Portugal. Con esta unión, se decía que "en su imperio, no se ponía el sol". Se lograba la unidad peninsular y las posesiones asiáticas y americanas de Portugal se unían al imperio hispánico. Este hecho contribuyó a acentuar la enemistad del resto de potencias europeas.

Las Guerras de Religión en Francia

Tras la muerte de Enrique II, los enfrentamientos religiosos se acentuaron en Francia entre católicos y hugonotes (calvinistas), dirigidos por Enrique de Borbón. Tras la muerte del rey y del principal candidato católico, Enrique de Borbón se convirtió en el aspirante mejor posicionado al trono. Al no ser aceptado por la Liga Católica, Felipe II propuso una solución: que su hija Isabel Clara Eugenia, nieta de Enrique II, fuese reconocida como reina de Francia. Sin embargo, esta opción no llegó a tener el apoyo suficiente. La salida a la crisis la dio el propio Enrique de Borbón quien, en 1593, se convirtió al catolicismo y reinó como Enrique IV, siendo reconocido por Felipe II en 1598.

En 1598, Felipe II falleció en El Escorial, siendo sucedido por el primero de los Austrias Menores: Felipe III.