Principios Éticos Fundamentales: Hedonismo y Deontología Kantiana
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Éticas Hedonistas: La Búsqueda del Placer y la Felicidad
El Epicureísmo: La Autosuficiencia a Través del Placer
El Epicureísmo afirma que el sabio busca la autosuficiencia. La felicidad se consigue solo por el placer, la satisfacción de los deseos naturales, considerado el primer bien natural, principio y fin de la vida feliz. La felicidad consiste en alcanzar el placer y evitar el dolor. El sabio feliz es prudente y moderado, no se deja llevar por el libertinaje y los excesos. El sabio calcula las actividades que le proporcionan mayor placer y menor dolor, y organiza su vida evaluando qué placeres son más intensos y duraderos, con consecuencias menos dolorosas. El sabio distribuye con inteligencia los placeres a lo largo de su vida. La moral es el arte de vivir felizmente.
El Utilitarismo: La Mayor Felicidad para el Mayor Número
El Utilitarismo entiende por utilidad la propiedad de cualquier objeto para producir ventaja, beneficio, placer o felicidad. Las acciones moralmente buenas conducen a la felicidad de los demás. Es una teoría del placer colectivo orientada hacia la felicidad colectiva. La acción humana busca el placer a través de los sentimientos sociales con los que todo ser humano está dotado. La máxima felicidad posible para el mayor número posible de personas es el principio de moralidad y el criterio para tomar decisiones racionales. El placer puede calcularse por su intensidad, duración, proximidad y seguridad. Hay placeres superiores e inferiores. Las personas prefieren los placeres intelectuales y morales. El Utilitarismo busca formar seres humanos que colaboren en una sociedad más próspera y feliz.
Utilitarismo del Acto (o de las Consecuencias)
El Utilitarismo del Acto exige valorar la corrección de cada acción concreta por sus consecuencias. Hay que considerar siempre las consecuencias de las decisiones.
Utilitarismo de la Regla (o de la Intención)
El Utilitarismo de la Regla exige considerar si la acción se somete a alguna de las reglas consideradas morales por su bondad. Hay acciones en sí mismas moralmente buenas o malas. Hay que realizar siempre acciones buenas en sí mismas. La regla o norma general debe cumplir el principio de utilidad para todos.
Éticas Deontológicas: La Filosofía Kantiana del Deber
Immanuel Kant es el máximo exponente de las Éticas Deontológicas. Para Kant, la Ética no debe preocuparse por dar normas morales, sino por descubrir qué rasgos formales poseen las acciones para tener validez universal. Según Kant, las éticas materiales muestran a un ser humano sometido y son incapaces de explicar al ser humano como un ser libre, capaz de darse sus propias leyes y fines. Su voluntad estaría determinada a obrar por un bien que ella no se ha dado y ante el cual se comportaría pasivamente. El ser humano solo sabrá cómo obrar si ha descubierto el bien y qué debe hacer para alcanzarlo, lo que únicamente puede saber por experiencia; sin embargo, de esta no puede extraerse ninguna norma universal. Además, la experiencia es subjetiva y no puede pretender intersubjetividad.
Según Kant, en Ética hay que comenzar preguntando por el deber, en qué consiste, y no por el bien, pues no es a partir de este de donde se deduzca qué sea el deber. El bien moral específico es cumplir el deber. Esta voluntad es libre y autónoma para darse sus propias leyes. No es un medio para alcanzar tales fines. La voluntad moral es el único legislador moral admisible. Lo verdaderamente bueno es la buena voluntad. En esto reside la dignidad por la que el ser humano es persona.
La ley moral que la voluntad se dicta tiene forma de imperativo categórico, no de imperativo hipotético. Los imperativos hipotéticos solo obligan si se quiere alcanzar un fin determinado, y la acción requerida es solo un medio para lograrlo. Para saber si una máxima subjetiva es una norma moral, se debe evaluar su universalidad: que pueda convertirse en una ley natural según la cual todos actúen, sin exceptuarse uno mismo. La buena voluntad moral se obliga a sí misma, sin condiciones, por un imperativo categórico, a realizar determinadas acciones con validez universal. Tal imperativo expresa un deber que debe ser obedecido por puro respeto al deber mismo. Solo los seres humanos son capaces de darse a sí mismos imperativos que les permitan superar egoísmos y asumir perspectivas universales, siendo capaces de ponerse en el lugar de cualquier otro ser humano.