Renacimiento: Origen, Características y Arquitectura del Quattrocento

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El Renacimiento: Un Retorno a la Antigüedad Clásica

El Renacimiento representa la recuperación de los valores espirituales y formales de la Antigüedad clásica, que habían permanecido sepultados durante la Edad Media. Entre los valores espirituales, destacó el estudio de las humanidades, que perfeccionaban la naturaleza humana y preparaban al individuo para la vida política. En cuanto a los valores formales, se exaltó el arte grecorromano, aproximándose a los descubrimientos arqueológicos, midiendo las proporciones de las estatuas y calculando los sistemas constructivos de las ruinas arquitectónicas. El retorno a los modelos antiguos suponía también regresar a la primitiva moral evangélica.

El Renacimiento en Florencia

Este movimiento se inicia en Florencia. Los filósofos y artistas la convierten en la capital del Renacimiento, al resucitar el antropocentrismo, la teoría de las proporciones del cuerpo humano y las leyes de la perspectiva. Florencia propaga una nueva concepción del mundo, en la que el hombre ocupa el centro del universo. Esto generará un arte humanista, que otorgará prioridad absoluta a la figura humana y a sus dimensiones. El canon ideal de proporciones volverá a tener ocho cabezas (Lisipo), y la altura total será igual a la longitud de los brazos extendidos.

El siguiente paso fue situar a los seres humanos en la naturaleza y a los edificios en el paisaje urbano, de manera que parecieran guardar una relación correcta y armoniosa. Este efecto visual se logró con la perspectiva.

El Quattrocento Italiano: La Arquitectura de Brunelleschi y Alberti

Filippo Brunelleschi

Filippo Brunelleschi comenzó siendo orfebre y escultor. Participó en el concurso para fundir las segundas puertas del Baptisterio de Florencia, que el jurado adjudicó a Ghiberti. Decepcionado, marchó a Roma, donde cambió su vocación hacia la arquitectura.

En 1418, vuelve a participar con Ghiberti en otro célebre certamen florentino: la construcción de la cúpula de la Catedral (Santa María de las Flores). Esta vez, resultó vencedor. La solución que le dio el triunfo consiste en cubrir el tambor octogonal con dos cúpulas superpuestas, encofrando una dentro de otra y dejando una cámara de aire entre ambas estructuras. De este modo, el peso de los materiales disminuía y su altura podía crecer. Las obras se iniciaron en 1420 y, tras 16 años, se consagró.

Su audacia brilla también en los edificios de nueva planta que traza. El arquitecto pertenece a una generación que comparte la idea de que no hay otro camino para la creación artística que el que marcaron los maestros de la Antigüedad, aunque es consciente de que los sistemas de construcción clásicos pueden superarse. Por ello, trata de conjugar en sus proyectos los elementos y las proporciones de la tradición romana con la perspectiva renacentista, que él mismo inventó.

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