La Revolución de 1868 y el Reinado de Amadeo I de Saboya

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Antecedentes de la Revolución de 1868

Los antecedentes de la Revolución Gloriosa se sitúan en la etapa final del reinado de Isabel II. En este periodo se fraguó una alianza estratégica entre progresistas y demócratas, quienes protagonizaron dos importantes tentativas contra el gobierno moderado: el pronunciamiento militar del general Juan Prim y la sublevación del cuartel de San Gil.

En 1866 se firmó el trascendental Pacto de Ostende entre progresistas y demócratas (al que posteriormente se sumaron los unionistas tras la muerte de O'Donnell), estableciendo las bases de un programa común cuyo objetivo primordial era el destronamiento de Isabel II. Esta convergencia constituyó una alianza formidable:

  • Progresistas: aportaban la dirección política y el apoyo popular mayoritario.
  • Demócratas: suministraban las ideas democráticas y el ideario de libertades.
  • Unionistas: aportaban el grueso de la fuerza militar y el respaldo de la cúpula del ejército.

La constante deriva conservadora de los últimos gobiernos isabelinos, la preponderancia de los mandos militares leales a la Corona y el colapso en la alternancia de los partidos dinásticos abocaron inexorablemente al estallido de la Revolución de 1868.

El Desarrollo de la Revolución de 1868 ("La Gloriosa")

Liderada políticamente por la burguesía liberal, la revolución destronó definitivamente a Isabel II en 1868. Para su triunfo resultó decisiva la insurrección militar, articulada en las siguientes fases:

  1. Sublevación de la escuadra naval en Cádiz al mando del brigadier Topete.
  2. Pronunciamientos militares coordinados en diversas guarniciones peninsulares.
  3. Enfrentamientos armados decisivos contra las tropas leales a la reina (batalla del puente de Alcolea).
  4. Aceptación popular y militar del hecho consumado, provocando el colapso del régimen borbónico.

Paralelamente, se constituyeron Juntas Revolucionarias por todo el país, controladas en gran medida por los demócratas, que asumieron el poder local y sustituyeron a las autoridades derrocadas. Ante el éxito revolucionario, Isabel II partió al exilio en Francia, aunque sin abdicar formalmente de sus derechos a la Corona. El poder político efectivo recayó en la Junta Revolucionaria de Madrid, la cual encargó al general Francisco Serrano la formación de un Gobierno Provisional, inaugurando así el periodo conocido como el Sexenio Democrático (1868-1874).

Consecuencias de la Revolución

Con la caída de Isabel II concluyó la primera experiencia del liberalismo doctrinario en España, basada en una monarquía constitucional de soberanía compartida y sufragio censitario restringido, modelo implantado tras el triunfo liberal en la Primera Guerra Carlista. La Revolución de 1868 consagró los principios fundamentales de la democracia: sufragio universal masculino, amplia declaración de derechos civiles y soberanía nacional, plasmados en la Constitución de 1869.

Sin embargo, el periodo estuvo marcado por la inestabilidad política: el general Prim fue asesinado en diciembre de 1870, privando a la nueva monarquía de su principal valedor. Finalmente, tras el fracaso del ensayo de monarquía democrática, a comienzos de 1873 se proclamó la Primera República Española.

El Reinado de Amadeo I de Saboya (1871-1873)

Tras el magnicidio de Prim, el nuevo monarca Amadeo I inició un reinado sumamente complejo, encontrándose en una posición de marcado aislamiento político. El soberano debió hacer frente a una férrea y múltiple oposición procedente de los republicanos, los carlistas y los monárquicos alfonsinos dirigidos por Antonio Cánovas del Castillo.

Para sostenerse en el trono, Amadeo I dependía de una coalición gubernamental fragmentada en dos facciones opuestas:

  • Partido Constitucional: liderado por Sagasta, agrupaba a los antiguos unionistas y a los sectores más moderados del progresismo y de la democracia.
  • Partido Radical: encabezado por Ruiz Zorrilla, integrado por progresistas avanzados y demócratas partidarios de reformas más profundas.

Conflictos e Inestabilidad Social

La estabilidad del reinado se vio gravemente comprometida por tres frentes críticos:

  • La Guerra de los Diez Años en Cuba (iniciada en 1868 con el Grito de Yara).
  • La Tercera Guerra Carlista, que estalló con fuerza a partir de 1872.
  • Los continuos motines y revueltas populares urbanas, agudizados por la crisis socioeconómica de finales de los años sesenta y por la imposibilidad del gobierno de suprimir definitivamente el impopular sistema de quintas y el impuesto de consumos debido a los gastos militares.

Labor Legislativa y Abdicación

A pesar de la inestabilidad, las Cortes entre 1870 y 1872 desarrollaron una destacada actividad modernizadora:

  • Nueva Ley Electoral y aprobación de un Código Penal reformado.
  • Implantación de los juicios por jurados.
  • Aprobación de la nueva Ley Municipal y Provincial.
  • Promulgación de la primera Ley de Matrimonio Civil.

Finalmente, un grave conflicto de disciplina militar surgido en el Cuerpo de Artillería desencadenó la crisis de gobierno definitiva. Falto de apoyos, Amadeo I presentó su acta de abdicación el 11 de febrero de 1873. En esa misma sesión conjunta del Congreso y el Senado, quedó formalmente proclamada la Primera República Española.

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