San Agustín: La Imagen de Dios en el Alma Humana

Enviado por Comunidad Wikiteka y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 3,4 KB

El Hombre como Imagen de Dios: Una Perspectiva Agustiniana

La antropología y la psicología de Agustín tienen un carácter claramente teológico; es decir, conocemos al hombre a través de la imagen de Dios que hay en el alma; pero también sabemos lo que es Dios, contrastándolo con nuestras facultades psicológicas. Como cristiano, entiende que el hombre es cuerpo y alma, pero como platónico adopta el dualismo y considera que el alma es lo más importante del hombre, que se sirve de un cuerpo mortal y terreno. Respecto al origen del alma, se inclina por el traducionismo, es decir, el alma del hijo aparece a partir de la del padre. Sin embargo, rechaza la teoría platónica de la preexistencia y la transmigración. Pues como vemos en el texto, el alma es creada y no es eterna, pero puede acercarse a Dios por la perfección y la gracia; es decir, puede salvarse y convertirse en inteligible.

La Memoria y el Tiempo Subjetivo

La memoria es el elemento más importante de la vida anímica. En cierto modo, hay conocimiento porque hay memoria, pues aunque lo sensible fluya en el tiempo, no posee este tiempo como algo suyo. El tiempo solo existe en el alma, es algo subjetivo. El pasado es el recuerdo presente; el futuro es la esperanza y el proyecto; y el presente es la vivencia constante que aglutina los otros dos sentidos.

El tiempo es el transcurrir de esa distensión anímica, y la memoria viene a dar unidad psíquica al hombre, imitando la unidad y la eternidad de Dios. Aunque el hombre es algo creado, es lo más parecido a Dios de la creación, pues Dios está presente en el alma, pues en el alma hay “una imagen de Dios”; y que, como este, se despliega en tres personas: las facultades que van a representar al Dios trinitario:

  • El ser: pues el alma existe y tiene una unidad a través de la memoria, imitando así la unidad y eternidad de Dios, denominación adecuada del Padre.
  • El conocer: pues el alma conoce porque de su sustancia infiere una noticia, un entendimiento que imita la sabiduría de Dios, denominación adecuada del Hijo.
  • El amor: porque el alma quiere ser y quiere conocer, es decir, aspira a un ser eterno y a una sabiduría, y este querer imita la felicidad de Dios, que es la denominación propia del Espíritu Santo.

Las tres facultades del alma: la memoria, la inteligencia, la voluntad, juntas y cada una por separado, constituyen la vida, la mente y la sustancia del alma.

La Trinidad y el Conocimiento Recíproco

En la trinidad no existe diferencia jerárquica ni diferencia de funciones, sino absoluta igualdad. No puede considerarse al Padre como Dios por excelencia, sino que debe considerarse que en sentido absoluto Dios es el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. La trinidad misma es el único y exclusivo Dios verdadero.

El conocimiento del hombre y el conocimiento de Dios se iluminan recíprocamente: conocer a Dios y a la propia alma, a Dios a través del alma, y al alma a través de Dios. Aunque la memoria posibilita la vida interior, el abismo del espíritu es demasiado profundo para sondearlo totalmente: el hombre es un enigma para sí mismo. Desde esta concepción antropológica se deriva una especial teología negativa que implica que no conocemos realmente la esencia y la infinitud de Dios; solo lo podemos conocer a partir de lo creado, de lo que no es.