Simbolismo y Caracterización de las Hijas en La Casa de Bernarda Alba
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Principales Personajes Femeninos en La Casa de Bernarda Alba
Adela
Adela, de 20 años, es la encarnación de la rebeldía; es la más joven, hermosa, apasionada y franca (su nombre significa “de naturaleza noble”). El traje verde simboliza su vitalismo. Muestra, además, su deseo de libertad con otros elementos sencillos como el abanico de flores o el mirar las estrellas. Desafía a la moral establecida, dispuesta a convertirse en “querida” de Pepe y llega a romper el bastón de mando de su madre. Sin embargo, su rebeldía será finalmente trágica, aunque funciona teatralmente como una liberación desesperada de raíz romántica. Pero esa muerte tampoco es válida porque Bernarda exige que se recubra de mentira, lo que la vuelve inútil. Representa un punto clave de la emancipación femenina. Es un personaje subversivo pero, más que por su suicidio, por la libertad sexual que...
Angustias
Angustias, de 39 años, es hija del primer matrimonio y heredera de una envidiable fortuna que atrae a un pretendiente, Pepe el Romano. El matrimonio está concertado, pero no hay en ella ni pasión ni ilusión verdadera, y él la engaña con Adela. Es enfermiza, caprichosa, algo infantil y patéticamente frívola al tratar de suplir su falta de juventud y atractivo empolvándose la cara y usando perfumes caros, con lo que intenta, de paso, mostrar el poder económico del que carecen sus hermanas.
Magdalena
Magdalena, de 30 años, en ocasiones se muestra sumisa, pero en otras protesta por su condición femenina hasta el punto de preferir ser hombre (“¡Malditas sean las mujeres!”, “Sé que ya no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino”). Apoya el código moral de su madre, como muestra su hiriente lenguaje. Muerto su padre, del que parece que era la favorita, convierte la idealización del pasado infantil en su vía de evasión.
Amelia
Amelia, de 27 años, es un personaje desdibujado; quizá su nombre venga del griego “sin miel”, pero se muestra medrosa, tímida, resignada y acomodaticia. Sabe que vive en un mundo de eterna repetición (“Ya pasará y volverá otra vez”). Quizá por eso duerme “como un tronco” mientras sus hermanas son víctimas de un insomnio vigilante y del desasosiego erótico.