El Teatro Catalán en la Posguerra Franquista: Resistencia y la Obra de Manuel de Pedrolo
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El Teatro Catalán en la Posguerra Franquista: Represión y Resurgimiento
Con el triunfo de la Dictadura, el teatro catalán se vio obligado al silencio, ya que las representaciones en lengua catalana fueron prohibidas. La prohibición fue más estricta en Cataluña que en Mallorca y en Valencia, donde se permitieron algunas representaciones. El teatro catalán entre 1939 y 1946 presentaba un panorama desolado; a partir de 1946, sin embargo, se empezó a vislumbrar la posibilidad de representar alguna obra en catalán. Es el caso de Josep M. Segarra, quien ese mismo año estrenó El prestigio de los muertos. En estos años también tuvieron importancia los estrenos de Carles Soldevila y Lluís Elias.
En la década de los 50, superada la primera etapa franquista, la situación, poco a poco, se fue haciendo más permisiva y, por lo tanto, más favorable al teatro en catalán. En Cataluña, la burguesía recién llegada propició la aparición del melodrama, que cultivaron sobre todo Josep M. Tapias y Santiago Vendrell. Apareció también el teatro religioso, que tenía pocas posibilidades de actuación y no gustaba al público. Asimismo, surgió un teatro independiente, más moderno y de acuerdo con la tendencia europea. En las Islas Baleares y el País Valenciano, el teatro no presentaba un panorama tan rico, aunque sí existía teatro independiente.
Manuel de Pedrolo: Un Dramaturgo Comprometido con la Libertad
Manuel de Pedrolo se ganó la vida trabajando en una oficina de información y con trabajos editoriales, tales como asesor literario, corrector y traductor. Conreó todos los géneros: el ensayo, la poesía, el teatro y la novela. Todos le interesaban, todos le servían para explicar su pensamiento y para recrear nuevos mundos que, o bien retrataban una sociedad compleja y reprimida, o imaginaban una nueva con otras posibilidades, sobre todo de liberación personal o colectiva.
De su obra como dramaturgo, destacamos Hombres y no, Técnica de cambra y Última versión por ahora, tres de las trece obras que escribió entre 1954 y 1963, las cuales giraban en torno al problema de la libertad del hombre. En estos dramas, encontramos a los personajes encarcelados, aislados del mundo exterior. Y aunque los más decididos luchaban por conseguir una mejor calidad de vida, la gran mayoría terminaba por admitir y acostumbrarse a la situación de represión a causa del miedo que despertaba lo desconocido. Pedrolo utilizó estas técnicas del absurdo para burlar el rigor de la censura franquista que afectó su tiempo, aislando a nuestro país del resto del mundo y reprimiendo su libertad.