Tectónica de Placas: La Deriva Continental y la Expansión del Fondo Oceánico

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El Campo Magnético Terrestre

En el núcleo externo de la Tierra, existen corrientes convectivas responsables de la existencia y el mantenimiento del campo magnético terrestre. Este campo magnético es crucial para nuestra supervivencia, ya que actúa como un escudo protector que desvía las partículas de alta energía del viento solar fuera de nuestra órbita. La interacción de la magnetosfera con el viento solar produce las auroras boreales en el hemisferio norte y las auroras australes en el hemisferio sur.

Las Pruebas de Wegener

Alfred Wegener, un meteorólogo y geofísico alemán, propuso la teoría de la deriva continental a principios del siglo XX. Wegener trató de demostrar su hipótesis con una serie de pruebas:

Paleogeografía

Wegener se dio cuenta de la coincidencia de las líneas de costa entre África y América del Sur, observando que el encaje entre los continentes era casi perfecto.

Geología

Descubrió la existencia de cadenas montañosas, como los Apalaches, que se podían correlacionar con las existentes en Europa, al otro lado del océano Atlántico, tanto por su origen como por su geomorfología. También describió la existencia de diversos materiales a ambos lados del océano Atlántico, que pertenecían a la misma formación geológica.

Paleontología

Describió la existencia de fósiles de organismos que vivieron durante la misma época en masas continentales que en la actualidad están separadas por un océano. Entre estos fósiles, destacó el de un reptil de agua dulce, el Mesosaurus, que vivió en Sudamérica y en África en la misma época. Los científicos de la época atribuyeron este hecho a la existencia en el pasado de puentes emergidas entre África y América que posibilitarían el paso del reptil por encima del océano Atlántico.

Paleoclimatología

Describió la existencia de depósitos y estrías glaciares de la misma época en Sudamérica, África, India y Australia, lo que indicaba que esos continentes estuvieron unidos en una localización muy distinta de la que tienen en la actualidad, probablemente en el polo sur.

El Motor del Movimiento

Wegener propuso que el motor del movimiento de traslación horizontal de los continentes estaba determinado por la fuerza centrífuga debida a la rotación de la Tierra y por la atracción gravitacional que el Sol y la Luna ejercen sobre la Tierra. Según esto, describía dos movimientos:

  • El movimiento inercial debido a la rotación terrestre de oeste a este, que generaba un "efecto de freno o de proa" en las costas oeste de las masas continentales, favoreciendo la formación de arrugas que darían lugar a las cadenas montañosas actuales. Puso como ejemplo de esto la presencia de los Andes y de las montañas Rocosas en la costa oeste del continente americano.
  • La deriva polar propiciada por la rotación, que hacía que las masas continentales situadas inicialmente cerca de los polos terrestres fueran poco a poco desplazándose hacia el ecuador.

La Teoría de la Expansión del Fondo Oceánico

El desarrollo de la tecnología del sonar durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos posibilitó la realización de una buena cartografía de los fondos oceánicos. Los nuevos datos aportados reavivaron el debate sobre la traslación continental que Wegener había propuesto años atrás.

En el mapa del relieve de los fondos oceánicos se describieron grandes accidentes geológicos como:

  • Las dorsales oceánicas: grandes cadenas montañosas con un surco central que se distribuían, por ejemplo, a lo largo del océano Atlántico, con una altura de unos 2000 m sobre los fondos abisales.
  • Las fosas oceánicas: grandes valles oceánicos como, por ejemplo, el de las Marianas, que alcanza una profundidad superior a los 11000 m.
  • Las mares continentales: marcadas por los cambios en los límites de las plataformas continentales.
  • Los volcanes submarinos.

El Fondo Oceánico

Además, se describieron aspectos estructurales y composicionales de los fondos oceánicos que permitieron a Hess (1962) y a Dietz (1961) esbozar la teoría de la Expansión del Fondo Oceánico, según la cual la corteza oceánica se formaría de forma continuada en las dorsales oceánicas. El material fundido del manto estaría aflorando y solidificando continuamente a ambos lados del eje de la dorsal. La nueva corteza oceánica así formada sería impulsada lejos de la dorsal por los nuevos aportes de magma recibidos en su eje, como si de una cinta transportadora se tratase, hasta que fuera destruida en las fosas oceánicas, subduciendo bajo las placas con las que chocase.

Sin embargo, no fue hasta que las anomalías magnéticas del fondo oceánico fueron descritas que Vine y Matthews (1963) pudieron contribuir a que esta teoría fuera aceptada.

Ellos relacionaron la presencia de estas anomalías magnéticas con la creación continua de corteza oceánica en las dorsales y con las inversiones del campo magnético que periódicamente se producen en nuestro planeta. Si el material fundido que aflora en las dorsales graba al solidificar la orientación del campo magnético reinante en ese momento, podrían identificarse, a modo de bandas a ambos lados de la dorsal, las inversiones que el campo magnético terrestre sufrió a lo largo de la historia.

Según el paleomagnetismo, si el campo magnético grabado en los basaltos del fondo oceánico en expansión tiene el norte apuntando en el mismo sentido que el actual, se dirá que la polaridad de la época en la que se formaron era normal. Si, por el contrario, el norte magnético grabado en las rocas apunta en la dirección contraria a la actual, la polaridad sería inversa.

La Teoría de la Tectónica de Placas

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente comentado, en 1967 Morgan y Le Pichon enunciaron la teoría de la Tectónica de Placas, una teoría globalizadora que está basada en lo siguiente:

  • La capa más superficial de la Tierra, la litosfera, está fragmentada en placas.
  • Las placas se mueven y los bordes son geológicamente muy activos.
  • En estos bordes se localiza la mayor parte de la actividad tectónica, sísmica y volcánica.
  • Las placas litosféricas son de diversos tamaños, de tal manera que hay muchas microplacas que ni siquiera se representan en los mapas de placas.

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