La Teoría de las Cuatro Causas y la Antropología de Aristóteles
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Las causas del cambio en Aristóteles
Aristóteles distingue cuatro tipos de causas por las que se produce el cambio. Estas se dividen en dos grupos:
Causas intrínsecas (interiores a los seres)
- Causa material: Constituida por la materia en la que se produce el cambio.
- Causa formal: Viene dada por la forma; es decir, aquello a lo que se llega en el cambio, el aspecto que presenta cada ser o cosa tras el proceso.
Causas extrínsecas (exteriores a los seres)
- Causa eficiente: Es la que pone en marcha el proceso del cambio.
- Causa final: Es aquello para lo que se produce el cambio, es decir, la meta o propósito del mismo.
En el ser humano y en los seres naturales, la causa formal a menudo se identifica con la causa eficiente y con la causa final, cuyo fin es desarrollarnos como seres humanos. Por ejemplo, en una estatua de bronce: la causa material es el bronce; la causa formal es lo que representa la estatua (un caballo, un hombre...); la causa eficiente es el escultor; y la causa final es el objetivo que ha perseguido el escultor (ganar un premio, recordar a un personaje, etc.).
El Motor Inmóvil
El Motor Inmóvil es el principio que inicia el movimiento; es el que pone en marcha toda esta cadena de cambios y actúa como la causa eficiente suprema de la naturaleza.
Antropología y naturaleza física
La naturaleza física (seres vivos) constituye una jerarquía que se organiza en cuatro grados:
- Naturaleza inorgánica.
- Reino vegetal.
- Reino animal.
- Género humano.
Cada uno de estos grados aspira al superior. En el ser humano, la jerarquía no se detiene, ya que apunta al acto puro, una aspiración imperecedera que jamás se podrá conquistar totalmente.
Crítica al dualismo platónico
Aristóteles discrepa profundamente de la teoría de Platón. Mientras que Platón parte de una concepción dualista y sostiene que el alma está separada del cuerpo y reside en un mundo distinto, el “mundo de las ideas”, Aristóteles afirma que el alma humana está tan ligada al cuerpo que desaparece con él.
Para el estagirita, el ser humano es un compuesto indisoluble formado por alma y cuerpo:
- El alma es acto y forma.
- El cuerpo es instrumento, materia y potencia.
El alma no es sino la forma del cuerpo. La consecuencia lógica es que el alma no es una sustancia aparte; no tiene sentido hablar del alma como algo separado y distinto del cuerpo, y viceversa. Lo único real es el ser humano como compuesto unitario. Por tanto, en la filosofía de Aristóteles, no se contempla la inmortalidad del alma.