La Unificación Dinástica de Castilla y Aragón: Orígenes de los Reyes Católicos

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La Cuestión Matrimonial y la Unión Dinástica

El 19 de octubre de 1469, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón se casaban en secreto, previa dispensa papal. Las razones de que la boda se celebrara en secreto se debían a una fuerte oposición por parte de Luis XI de Francia y los Grandes de Castilla. Sin embargo, también existía una política dinástica que se había manifestado mucho tiempo atrás, en 1410, cuando, a la muerte de Martín I el Humano, los representantes de los tres reinos de la Corona de Aragón, sin sucesión, eligieron como rey a un miembro de la familia Trastámara reinante en Castilla: Fernando de Antequera.

Juan II de Aragón tenía un gran interés en este enlace para hacer frente al afán de expansión de Francia y porque en su propio reino, Aragón, su situación era bastante delicada debido a la revuelta de los payeses contra los señores y los enfrentamientos de "busca y viga" en las ciudades.

El periodo entre 1468 y 1469 fue crucial, ya que el matrimonio se convirtió en un asunto de interés internacional. Los pretendientes eran el hijo del rey de Francia, el rey de Portugal y Fernando de Aragón. A favor de este último trabajaba el sector judío de Aragón y un grupo castellano capitaneado por el Arzobispo de Toledo. Al celebrarse el matrimonio, Luis XI de Francia indujo a Enrique IV a reconocer a su hija Juana la Beltraneja, lo que provocó que los primeros años de matrimonio se centraran en fortalecer los apoyos de Isabel y en buscar la reconciliación con Enrique IV.

El 12 de diciembre de 1474, muere Enrique IV. Isabel se proclama reina, pero la princesa Juana reclama el trono, y tropas portuguesas cruzan la frontera. En este contexto, se revela la crucial actuación de Fernando como militar y político, ya que atrajo la amistad de tres de las familias más poderosas y, además, obtuvo la Victoria de Toro. El Tratado de Alcáçovas de 1479 puso fin al enfrentamiento, y mediante este tratado, el rey portugués abandonó toda pretensión, por su parte y por la de doña Juana, al trono de Castilla.

En 1479, muere Juan II, y Fernando se convierte en rey de Aragón, además de Sicilia y Cerdeña. Al fin se había logrado la unión de las coronas, pero era una unión solo dinástica. Tanto es así que, a la muerte de Isabel, la corona de Castilla recayó en su hija Juana la Loca, y tuvieron que producirse una serie de circunstancias para que las dos coronas se unieran definitivamente, esta vez bajo una dinastía extranjera.