Las Claves del Pensamiento Sofista: Principios y Características Fundamentales
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Los sofistas, figuras centrales en la filosofía griega antigua, desarrollaron una serie de principios y características que marcaron profundamente el pensamiento de su época. A continuación, se detallan los pilares fundamentales de su doctrina:
1. Subjetivismo
Las cosas no poseen un ser propio; somos nosotros quienes les otorgamos su esencia. Como sentenciaba uno de los más eminentes sofistas, Protágoras (fl. 444-441 a. C.), en su obra Sobre la verdad: «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son». De este modo, nuestras afirmaciones no hacen referencia a hechos objetivos, sino a impresiones y percepciones personales y particulares.
2. Relativismo
Dado lo anterior, nuestras afirmaciones no pueden tener pretensiones de verdad absoluta, sino relativa. Es decir, no pueden resultar válidas para todos, sino solo para aquellos que compartan las percepciones e impresiones expresadas en ellas.
3. Escepticismo
Si las afirmaciones no son ni verdaderas ni falsas por sí mismas, sino únicamente dependiendo de quien las juzga, entonces no existe la verdad objetiva. No se puede alcanzar la verdad o, en otras palabras, resulta imposible conocer la realidad. Los sofistas insisten una y otra vez en que los seres humanos solo poseemos opiniones y nada más que opiniones. Este escepticismo, dentro de la corriente de pensamiento que venimos tratando, fue puesto de manifiesto de la mejor manera por otro de sus grandes representantes, Gorgias (fl. 444-441 a. C.), quien en su libro Sobre el No-Ser o Sobre la Naturaleza, escribió: «Aun cuando existiera el ser, sería incomprensible para nosotros, y no podríamos conocerlo. Y aun cuando pudiéramos conocerlo, no podríamos comunicar a otros nuestro conocimiento.»
4. Indiferentismo Moral y Religioso
Si las cosas son como a cada uno le aparecen, no hay cosas buenas ni malas en sí mismas, pues no existe una norma trascendente de conducta. En religión, la actitud de los sofistas llegaba incluso a posturas que pueden calificarse de agnósticas. Nuevamente, Protágoras aseveró: «Acerca de los dioses, yo no puedo saber si existen o no, ni tampoco qué forma puedan tener. Hay muchos impedimentos para saberlo: la oscuridad de la materia y la brevedad de la vida humana.»
5. Convencionalismo Jurídico
Las leyes no tienen su fundamento en la naturaleza ni han sido establecidas por los dioses, sino que son meras convenciones de los hombres para poder vivir en sociedad. De este modo, las leyes carecen de universalidad (cada lugar tiene las suyas) y de inmutabilidad (pueden ser derogadas por otras cuando pierden su utilidad).
6. Oportunismo Político
Los sofistas suscriben la tesis expuesta muchos siglos después por el pensador político italiano Maquiavelo (1469-1527) en el sentido de que el fin justifica los medios. Es decir, en política, todos los medios resultan válidos si, efectivamente, conducen a la consecución del fin propuesto.
7. Pragmatismo Pedagógico
Las ideas morales y políticas de los sofistas, el acervo de conocimientos de aquellos, estaban destinadas a un fin práctico: formar al individuo que quería triunfar en la vida pública democrática. Con ese objeto, los sofistas le enseñaban, además, a hablar con elocuencia por medio del arte de la retórica. De la confianza que depositaron los sofistas en el lenguaje florido y ampuloso como recurso para surtir los más variados efectos, nos da testimonio la siguiente afirmación del ya citado Gorgias, recogida en su obra Elogio de Helena: «La palabra es una gran dominadora, que con un cuerpo pequeñísimo e invisible realiza obras divinísimas.» Asimismo, por sus servicios, los sofistas cobraban elevados emolumentos, con lo cual quebrantaban, por así decirlo, las costumbres académicas helenas y fueron duramente criticados por ello.
8. Panhelenismo
Dado su carácter de maestros ambulantes, en los sofistas fue creciendo paulatinamente una conciencia de pertenencia a algo mucho mayor que una simple ciudad-Estado, a saber, Grecia. Repudiaron su fragmentación política, abogando por su unidad como paso previo para sojuzgar luego a los pueblos 'bárbaros' vecinos, inferiores por naturaleza frente a la superioridad helénica.