El Cogito de Descartes: La Primera Verdad de la Filosofía Moderna

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El Cogito Cartesiano: El Punto de Partida de la Verdad

El recurso del genio maligno permite, como hemos dicho, dudar de todas las cosas, por más ciertas y evidentes que parezcan. La duda de Descartes es absoluta. Pero ella le va a llevar a una verdad absolutamente cierta.

La Primera Certeza: «Pienso, luego existo»

En efecto, si duda de todo, al menos es cierto que duda, es decir, que piensa. Y si piensa, existe en tanto ser pensante. «Pienso, luego existo» (cogito, ergo sum), que da a Descartes no solo una verdad indudable, sino también el punto de arranque de toda su filosofía.

Cuando quiero dudar de la verdad de semejante proposición, lo único que consigo es confirmar su verdad, pues si dudo, pienso, y no puedo pensar sin ser. Aun la hipótesis del genio maligno, por más poderoso que fuera, no podría engañarme en este punto, ya que para engañarme tengo que existir. Él podrá engañarme y hacerme creer que es real lo que veo, cuando en verdad se trata de una mera ilusión. Pero engañado o en la verdad sobre estas cuestiones, lo indudable es que yo existo como ser pensante, y su poder se estrella contra esta verdad.

El Pensamiento frente a la Duda

La duda puede alcanzar el contenido del pensamiento, pero no al pensamiento mismo. Puedo dudar de la existencia de lo que veo, imagino o pienso, pero no puedo dudar que lo esté pensando, y que para pensarlo, tengo que existir.

Hay que señalar que hemos llegado a la evidencia de nuestra existencia, pero en cuanto ser pensante; no que existo como un ser físico o corporal. Sobre la existencia del cuerpo subsiste la duda ya señalada para llegar a la demostración de la existencia del cuerpo y de los existentes en la llamada realidad exterior.

Definición del Pensamiento en Descartes

Tenemos una proposición verdadera: veo claramente que para pensar es preciso ser. Puedo imaginar que no tengo cuerpo, pero hay algo que no puedo separar de mí: el pensamiento. Soy una cosa existente, una cosa que piensa (res cogitans). Como se ve, el término pensamiento no tiene en Descartes el sentido restringido que tiene en la actualidad, sino que su amplitud es tan grande que comprende también la vida emocional, sentimental y volitiva.