Conflictos Estudiantiles y Nacionalismos Durante el Franquismo: Oposición y Represión (1965-1975)
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Conflictos Estudiantiles y Auge de los Nacionalismos en la Recta Final del Franquismo (1965-1975)
La etapa final del franquismo (1965-1975) se caracterizó por una creciente conflictividad social y política. Las universidades se convirtieron en focos de resistencia, con los estudiantes organizándose en asambleas libres, al margen del sindicato oficial SEU. La situación se agravó tras la expulsión, en 1965, de catedráticos que habían mostrado su apoyo a las protestas estudiantiles. La influencia de los movimientos de Mayo del 68 intensificó aún más la agitación en las aulas, prolongándose los conflictos hasta el final de la dictadura.
El Resurgir de los Nacionalismos
Paralelamente, se produjo un resurgimiento de los nacionalismos periféricos, especialmente en Cataluña y el País Vasco. La política centralista y uniformadora del régimen franquista, lejos de sofocar estas identidades, exacerbó las manifestaciones de afirmación regional y nacional, extendiéndose también a Galicia, Valencia, Canarias y Andalucía.
El desafío más significativo provino de la organización independentista vasca ETA, que optó por la lucha armada, sufriendo una dura represión por parte del Estado. La respuesta gubernamental, lejos de debilitar a la organización, en ocasiones la fortaleció. Un claro ejemplo fue el Proceso de Burgos en 1970, en el que se dictaron seis penas de muerte. Las masivas protestas populares que siguieron obligaron al régimen a conmutar las penas, lo que se interpretó como una victoria moral para ETA.
La Oposición desde la Iglesia y Otros Sectores
La oposición al régimen se extendió a diversos ámbitos de la sociedad: la jerarquía eclesiástica, intelectuales, la universidad, el mundo laboral, las clases medias e incluso sectores de la burguesía. Se produjo un notable cambio en el clero joven y en los católicos progresistas, que se distanciaron de la jerarquía eclesiástica, a la que acusaban de connivencia con el franquismo.
Dentro del cristianismo popular, grupos de Acción Católica se convirtieron en importantes focos de reivindicación política. El régimen reaccionó persiguiendo a estos religiosos, especialmente a los vascos, a quienes se acusaba de colaborar con ETA. Se llegó a crear una cárcel concordataria en Zamora para recluir a los sacerdotes considerados "rojos" o comunistas.
La tensión entre la Iglesia y el Estado se intensificó cuando el Papa Pablo VI solicitó a Franco que renunciara al privilegio de presentación de obispos. La negativa del dictador endureció la postura del Papado, que logró el nombramiento del cardenal Tarancón como arzobispo de Madrid en 1971. Poco después, la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes emitió un comunicado pidiendo perdón por el papel de la Iglesia durante la Guerra Civil, un gesto que marcó un claro distanciamiento del régimen.
La Respuesta de la Ultraderecha
Como reacción a la creciente oposición, y en particular a la postura crítica de la Iglesia, grupos ultraderechistas organizaron acciones parapoliciales a partir de 1969. Bajo el nombre de "Guerrilleros de Cristo Rey", estos grupos actuaron violentamente contra sacerdotes y católicos progresistas, evidenciando la polarización y la radicalización de la sociedad española en los últimos años del franquismo.