Corrientes Éticas Fundamentales: Deontología y Teleología en la Filosofía Moral
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Éticas Deontológicas: El Deber y la Dignidad Humana
Las éticas deontológicas se centran en el deber y las normas morales, independientemente de las consecuencias. Para estas corrientes, ciertas acciones son intrínsecamente correctas o incorrectas, basándose en principios universales.
La Ética Kantiana: El Deber Categórico y la Dignidad de la Persona
Para Immanuel Kant, considerado el padre del deontologismo ético y el primer filósofo en afirmar que la dignidad del hombre radica en que la persona no tiene precio, el bien moral es aquel que todos estamos obligados a hacer siempre, sin excepción posible. Esto es lo que Kant denomina un deber categórico, y consiste en que todos, independientemente de nuestra condición social o natural, estamos obligados a tratar a los demás como personas, es decir, como fines en sí mismos, procurando su bien y renunciando a servirnos de ellos para nuestros propios intereses. Este deber categórico que señala se concretará en el respeto y la promoción de los derechos de todos: los derechos humanos.
La Teoría de la Justicia de John Rawls: La Posición Original
John Rawls, filósofo estadounidense, ha sido el filósofo político más influyente en el siglo pasado. Para Rawls, las injusticias sociales nacen de que unos ciudadanos se aprovechan de otros por su posición de privilegio. Así que, si queremos saber qué normas presidirían una sociedad justa, tenemos que imaginar una sociedad sin privilegios. Rawls contesta a la pregunta de cómo lo haríamos a través de una ficción que denomina la posición original.
La posición original sería una sociedad en la que sus miembros tendrían que decidir las normas sociales que van a organizar su convivencia sin saber nada acerca de sí mismos. Si uno no sabe si va a ser más rico que los otros, o más inteligente, entonces elegirá unas normas que le garanticen que, cuando menos, poseerá los mismos bienes que todos deseamos (es decir, los bienes primarios), lo cual solo se conseguirá si todos tienen los mismos derechos y oportunidades. Según Rawls, esto se garantizaría escogiendo los siguientes principios normativos:
Principio de Ciudadanía:
Por el que a todos los miembros de la sociedad se les reconocen los mismos derechos civiles: libertades de expresión, opinión, reunión, credo, sistema democrático con sufragio universal, etc.Principio de la Diferencia:
(El texto original no desarrolla este principio, pero se mantiene su mención para preservar el contenido).
Éticas Teleológicas: La Búsqueda del Fin Último
Las éticas teleológicas, a diferencia de las deontológicas, evalúan la moralidad de las acciones en función de sus consecuencias o del fin que persiguen, como la felicidad o el placer. El valor moral de una acción se determina por el resultado que produce.
Hedonismo: El Placer como Bien Supremo
Para el Hedonismo, el bien del hombre radica en el placer, y el mal, en el dolor. Pero el placer debe gozarse razonablemente, porque se enfrenta a dos grandes peligros:
- El placer puede esclavizar al hombre, y el hombre sabio debe ser libre entre sus placeres.
- El placer, a la larga, puede producir dolor, por lo que puede no merecer la pena.
Para Epicuro, los dos mayores placeres de la vida son la amistad y la reflexión filosófica.
Eudemonismo: La Felicidad como Fin Último
El Eudemonismo postula que el bien del hombre es la felicidad. Pero la felicidad, como es lógico, se ha entendido de muchas maneras. Así, para Aristóteles, vida feliz es aquella en la que se combinan armoniosamente diferentes cosas:
- No sufrir penurias económicas o enfermedades;
- Tener buenos amigos;
- Practicar la virtud;
- Vivir reflexionando sobre la naturaleza de las cosas;
- Y, además, tener un poco de suerte.
Utilitarismo: La Mayor Felicidad para el Mayor Número
El Utilitarismo, fundado por John Stuart Mill, sostiene que todos los seres humanos tienen el derecho a ser felices. Por ello, el orden social más justo será aquel que consiga la mayor felicidad del mayor número posible de personas. Desde esta postura, los derechos de las personas y el ideal de la justicia que configuran estarían justificados porque describen la organización social que mejor cumple el principio utilitarista.
Como es obvio, esta corriente tiene que abordar dos problemas:
- El primero es en qué consiste la felicidad, que Stuart Mill entiende, sobre todo, como el cultivo de las facultades superiores del ser humano, esas que nos vinculan a la vida del espíritu y nos alejan de los animales: el cultivo de las artes y las ciencias, la amistad y la política.
- El segundo es más peliagudo: ¿Qué pasa si la felicidad de la mayoría exige el sacrificio de una minoría? Para el utilitarismo, esto sería imposible, porque las personas moralmente desarrolladas no podrían ser felices si saben que lo son a costa de una minoría. Pero, ¿y si las personas no están moralmente desarrolladas?