El Declive de la Hegemonía Española en Europa: Siglo XVII y el Fin de un Imperio
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El Ocaso del Imperio Español en Europa
A principios del siglo XVII, España continuaba teniendo una posición hegemónica en Europa, ya que conservaba prácticamente intactos todos los territorios heredados del siglo anterior. A las posesiones peninsulares se unían:
- Los territorios italianos (Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Milanesado).
- Las colonias americanas.
- Portugal y su imperio marítimo.
- Las posesiones en los Países Bajos, aunque las Provincias del Norte eran prácticamente independientes.
La política exterior de los Austrias menores siguió la línea de sus antepasados, es decir: la defensa de las posesiones europeas, de la fe católica frente a luteranos-calvinistas y de los intereses comerciales de las colonias. Sin embargo, la crisis económica y la tendencia al autoabastecimiento de las colonias mermaron los recursos. Además, la competencia de Holanda e Inglaterra y la rivalidad con Francia explicarán las derrotas y la pérdida de la hegemonía. La diplomacia y la guerra fueron los instrumentos de esta política exterior.
El Reinado de Felipe III (1598-1621)
Con Felipe III, el interés fue mantener el status quo y, por consiguiente, apenas hubo conflictos. Acuciados por los enormes gastos y por las dificultades para encontrar una salida exitosa al conflicto en los Países Bajos y a la guerra con Inglaterra, se firmaron treguas:
- Con Inglaterra (Jacobo I - Tratado de Londres de 1604).
- Con los Países Bajos (El Archiduque Alberto tomó la iniciativa y firmó en 1609 la Tregua de los Doce Años).
En 1618 estalló en Europa la Guerra de los Treinta Años, un conflicto en el que se mezclaron causas religiosas (luchas entre protestantes y católicos) y políticas (hegemonía en Europa). Esta guerra enfrentó a los Habsburgo austriacos y católicos contra los príncipes protestantes alemanes y sus aliados: Holanda, Cristián IV de Dinamarca y Gustavo Adolfo de Suecia. Felipe III envió tropas para apoyar a los Habsburgo austriacos.
El Reinado de Felipe IV (1621-1665) y el Conde-Duque de Olivares
La situación empeoró con Felipe IV y con los planes del Conde-Duque de Olivares. El objetivo era intervenir en Europa para mantener el prestigio y las posesiones de la Corona. Olivares reactivó las hostilidades con los Países Bajos (no renovó las treguas), Gran Bretaña y Francia. Consiguió algunos éxitos iniciales:
- Rendición de Breda (Ambrosio Spínola).
- Toma de algunas plazas en Brasil.
- Derrota de la armada inglesa en Cádiz.
- Cerco de Génova.
Pero se involucró en la Guerra de los Treinta Años auxiliando a los austriacos. Aunque los Habsburgo lograron algunas victorias, como Montaña Blanca y Nördlingen, la entrada en la guerra de la Francia de Luis XIV y Richelieu, a pesar de que era católica, complicó aún más las cosas y se sucedieron las derrotas:
- Rocroi (1643).
- Lens.
- Las Dunas (derrota naval ante los holandeses).
Las sublevaciones en Portugal, Cataluña, Nápoles y Sicilia, aunque sofocadas, debilitaron aún más a la monarquía.
El Fin de la Hegemonía: Tratados de Paz
Los Tratados de Westfalia (1648) y de los Pirineos (1659) con Francia consumaron el principio del fin de la hegemonía de España en Europa. Las pérdidas territoriales, aunque fueron menores, causaron un gran impacto:
- Se reconoció la independencia de Holanda.
- Se perdió Artois, Luxemburgo, el Rosellón y la Cerdaña.
Francia se convirtió en la principal potencia en Europa, y Holanda e Inglaterra consolidaron un gran imperio naval y hostigaron a España en las colonias. Inglaterra se apoderó de las Bahamas (1646-70), Islas Caimán, las Pequeñas Antillas, Belice y Jamaica (1655). Francia ocupó Guadalupe, Martinica y Haití (1655). Holanda, aunque fue rechazada de Brasil y Angola, se quedó con la Guayana y Curazao. Además, hay que añadir las pérdidas comerciales y de plata.
Por último, continuaba desde 1640 la guerra con los portugueses, apoyados ahora por Inglaterra, hasta que en 1668 se firmó el Tratado de Lisboa y se reconoció la independencia de Portugal y sus colonias, excepto Ceuta.
El Reinado de Carlos II (1665-1700)
La política exterior de Carlos II estuvo enfocada a defender los intereses de las colonias, en el Mediterráneo y a hacer frente a los continuos ataques franceses en la frontera pirenaica, en Flandes y el Franco Condado. Se perdieron algunas plazas, aunque se devolvieron otras posesiones debido a los intereses en la sucesión de Carlos II. Finalmente, se firmó la Paz de Ryswick (1697) con Luis XIV. La Guerra de Sucesión Española, que estallaría pocos años después, terminaría definitivamente con las posesiones europeas.