La duda metódica de René Descartes: Fundamentos de las Meditaciones Metafísicas

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La Primera Meditación de René Descartes: El camino de la duda metódica

En esta primera meditación, Descartes se dará a la tarea de presentar las razones por las que podemos dudar de todas las cosas. Para ello, nos dirá que no es necesario analizar una a una las cosas, sino que será preciso revisar los cimientos sobre los cuales estableció, hasta ese momento, sus conocimientos.

El engaño de los sentidos

El primer cimiento de certeza son los sentidos: “todo aquello que hasta ahora ha reconocido como lo más verdadero lo ha recibido mediante los sentidos”. Sin embargo, los sentidos nos engañan en algunas ocasiones y, dado que no es fiable confiar en quien nos engaña siquiera una vez, será preciso poner en duda todo el conocimiento proveniente de ellos.

El delirio de los locos

Si bien los sentidos nos engañan en algunas ocasiones, hay cosas que parecen ser evidentes y no dejan lugar a dudas, como por ejemplo, el que yo me encuentre aquí y ahora, sentado junto al fuego, vestido de negro y con una hoja de papel en la mano. Para dudar de esto, sería necesario estar loco. Ese delirio de locura es, entonces, otra de las razones que lo llevan a dudar de las cosas, pues hay personas que perciben la realidad de manera distinta; por ejemplo, creen ser grandes monarcas siendo indigentes y, sin embargo, para ellos la verdad constituye el ser un monarca. De esa manera, si no se es consciente de la locura, ¿cómo saber que no es producto de un delirio afirmar que estamos aquí y ahora y que es una verdad irrefutable?

Sueño y vigilia

El sueño, entendido como el acto de representación de cosas, vivencias y experiencias mientras dormimos, es otra de las razones que nos llevan a descartar todo lo que consideramos verdadero, pues, en ocasiones, los sueños se nos presentan tan reales que nos cuesta distinguir si ocurrieron o no.

El genio maligno y las verdades matemáticas

Descartes introduce un último argumento: la existencia de un genio maligno o Dios engañador que, como creador del hombre, pueda estar engañándonos permanentemente. Bajo este argumento se cuestionan todas las cosas del mundo, hasta las verdades matemáticas con su aparente certeza. Luego concluye que, ya esté despierto o dormido, 3 + 2 = 5 y el cuadrado tiene cuatro lados; es decir, la certeza de las verdades matemáticas es evidente, clara y precisa, por lo que no admite la más mínima duda.