Eclecticismo y Neoclasicismo en la Arquitectura del Siglo XIX: Garnier y el Walhalla
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Charles Garnier y la Ópera de París (1861-1875)
En las últimas décadas del siglo XIX, el eclecticismo gana terreno, apoyado en la escuela de Beaux-Arts (Bellas Artes). Es importante porque es el estilo contra el que se pronuncia el modernismo, la vanguardia, los rascacielos, etc. Garnier es el primero en dar las claves de este estilo. En la escuela no se enseñaba solo lo de Durand, sino que se impartía mucha historia, teoría y estética. Garnier propone un nuevo estilo, algo así como un neobarroco que no había sido recuperado, pero ahora sí. Muy recargado, con acabados policromados, apliques dorados y blancos, etc. En el interior, el espectáculo del París de fin de siglo, heredero del Barón Haussmann, etc., representa una modernidad que al final solo sirve a unos pocos adinerados.
Cuando preguntan a Garnier qué es la Ópera para él, en vez de hablar de magnificencia, materiales, lujos, etc., se desmarca hacia el extremo opuesto y afirma que la Ópera es la consecuencia de Durand, hablando solo de módulos, geometría, etc. En parte tiene razón en el sentido de que dentro de la Ópera hay mucha modernidad; fuera, no. Garnier, además, diseñó el Casino de Montecarlo. Dentro de la maquinaria de la Ópera hay hierro, mecanismos, engranajes, etc., lo que representa modernidad pura. Esto no se supo hasta que una de las primeras mujeres fotógrafas, Germaine Krull, dedicó una serie de fotografías a la maquinaria de la Ópera o al entramado de la Torre Eiffel.
El Walhalla: Conmemoración y Nacionalismo (1830-1842)
El Walhalla es un proyecto que conecta historia con mitología y realidad con invención. Se construye como conmemoración de la derrota de Napoleón en 1813. En ese momento, Alemania comienza a tener una conciencia nacional y decide construir un monumento conmemorativo alemán, el Walhalla, algo así como el Parnaso de la mitología clásica, pero aplicada a la nórdica. Es el Valhalla en el que esperan los grandes héroes a la espera de ser llamados a la gran batalla final, liderados por Odín. No es raro que Hitler diera sus primeros discursos en Múnich y que las escenografías de Klenze fueran los lugares elegidos para los discursos del Partido Nacionalsocialista.
El lenguaje arquitectónico, según el concurso, debía ser neogriego, ya que, al igual que los griegos cuando derrotaron a los persas iniciaron su nacionalidad construyendo el Partenón, "nosotros, como nuevos griegos, queremos iniciar un nuevo régimen político a partir del Walhalla". Vemos la montaña empleada como plataforma, un ascenso como liberación espiritual hasta llegar al lugar donde se encuentra el edificio. En el interior, al igual que en el Partenón había una estatua de Atenea Partenos, allí había una colección de bustos de personajes ilustres alemanes, como un núcleo catalizador de lo germano. Su primera opción fue un diseño basado en el Panteón. Es un paso adelante muy grande que es, en vez de hacer algo más o menos comedido, construir una arquitectura-montaña, gigantesca.