La Ética Teleológica y la Política en Aristóteles: El Camino hacia la Eudaimonía

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Ética y Política en el Pensamiento Aristotélico

Aristóteles elabora una ética teleológica o finalista. En su obra fundamental, Ética a Nicómaco, establece que el fin último del ser humano, su bien supremo, es la felicidad (eudaimonía).

La Felicidad (Eudaimonía) como Bien Supremo

La felicidad aristotélica posee dos características esenciales:

  • Es un bien perfecto, ya que se busca por sí mismo.
  • Es autosuficiente, pues quien lo posee ya no desea ninguna otra cosa.

El Ejercicio de la Actividad Contemplativa

Según Aristóteles, la felicidad consiste primariamente en el ejercicio de la actividad teorética o contemplativa, porque esta es la actividad más propia del ser humano y pertenece al tipo de acciones que tienen el fin en sí mismas (las acciones más perfectas).

Sin embargo, dado que es imposible mantener siempre una vida puramente contemplativa, para realizarnos moralmente es preciso también vivir según nuestro intelecto práctico, es decir, dominando nuestras pasiones para lograr la felicidad.

El Papel de las Virtudes

En esta tarea de dominio y realización moral nos ayudarán las virtudes, las cuales se clasifican en dos tipos:

  1. Virtudes dianoéticas (o de la inteligencia).
  2. Virtudes éticas (o del carácter).
La Prudencia y el Término Medio

La virtud dianoética fundamental es la prudencia, que constituye la “sabiduría práctica” porque nos ayuda a elegir racionalmente el término medio entre el defecto y el exceso. Por ejemplo, la valentía será el término medio entre la cobardía (defecto) y la temeridad (exceso).

La Exigencia Política de la Ética

Para Aristóteles, la ética exige la política, pues el bien supremo individual (la felicidad) requiere una polis (ciudad-Estado) con leyes justas.

El Hombre como Animal Político

Respecto a la Política, Aristóteles defiende que el Estado es anterior al individuo, ya que el hombre es, esencialmente, un animal político o comunitario por naturaleza (Zoon Politikon). En soledad, el hombre no se basta a sí mismo, y solo en el Estado puede alcanzar su perfección última.

Por ello, el fin del Estado es la felicidad y la perfección moral de los ciudadanos. Aristóteles se mantuvo fiel al esquema de la pequeña ciudad-Estado, considerando absurdo el universalismo imperialista de Alejandro Magno (quien fue su discípulo).

Clasificación de las Formas Políticas

Aristóteles recoge la clasificación de las formas políticas, distinguiendo entre formas justas e injustas:

Formas Justas (Gobierno en Vistas al Bien Común)

Son aquellas en las que gobiernan los mejores y más virtuosos con vistas al bien común:

  • Monarquía
  • Aristocracia
  • Democracia o gobierno constitucional
Formas Injustas o Degeneraciones (Gobierno en Vistas al Bien Propio)

Son aquellas en las que se gobierna mirando por el bien propio del gobernante:

  • Tiranía (degeneración de la monarquía)
  • Oligarquía (degeneración de la aristocracia)
  • Demagogia (degeneración de la democracia)

La Búsqueda del Sistema Óptimo

Aristóteles no creía en un Estado ideal perfecto ni otorgaba primacía a un único tipo de gobierno. Consideraba la necesidad de buscar el sistema de gobierno más acertado según las circunstancias de cada pueblo. No obstante, sí que parece inclinarse hacia un gobierno de “clases medias” y gobernado por “los mejores”. Este punto de vista coincide con su ética, según la cual, la virtud consiste en elegir siempre un “término medio” adaptado a las circunstancias.