Ética de la Virtud en Aristóteles: Felicidad y Razón

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La Virtud Aristotélica

La Felicidad como Actividad Virtuosa

“La felicidad es una cierta actividad del alma conforme a la virtud perfecta”. Esto significa que la razón, la actividad racional, es la que dirige y regula todos los actos del hombre, toda la conducta humana; en esto consiste la vida virtuosa. La virtud es un hábito voluntario y libre, que implica deliberación y elección. Aristóteles no comparte el intelectualismo moral de Sócrates. No basta saber el bien para practicarlo ni basta conocer el mal para dejarlo de hacer.

Elementos del Acto Virtuoso

  1. Conocimiento del objeto y del fin.
  2. Voluntad de alcanzarlo.
  3. Deliberación de los medios adecuados para conseguirlo.
  4. Elección reflexiva.
  5. Firmeza en la decisión de obrar.

Pasiones, Facultades y Hábitos

La virtud es un hábito. Aristóteles afirma que las cosas que pasan en el alma son de 3 tipos: pasiones, facultades y hábitos o modos de ser.

  1. Las pasiones son el sentimiento que cada uno tiene ante lo que le ocurre, y van acompañadas de placer o dolor.
  2. Las facultades son las aptitudes o capacidades que tenemos por naturaleza, y en virtud de las cuales nos afectan las pasiones.
  3. Los hábitos o modos de ser son conductas adquiridas por la repetición de los mismos actos. Estos hábitos influyen en el carácter de cada uno. Los hábitos representan nuestro comportamiento con respecto a las pasiones. De este modo, según el hábito, podemos moderar nuestro comportamiento o dejarnos llevar por las pasiones.

Para Aristóteles, la virtud y el vicio no son pasiones, ni facultades, sino hábitos, y esto lo demuestra del siguiente modo:

  1. No se nos llama buenos o malos ni se nos elogia o censura por sentir una pasión, sino dependiendo de cómo nos comportemos con respecto a esa pasión.
  2. Las pasiones no provienen de un acto de libre elección por parte del individuo, por lo que no es responsable de ellas. La moral presupone libertad de elección; sin ello no existiría responsabilidad en el individuo.
  3. Las facultades las tenemos por naturaleza. La virtud, la bondad o maldad, no la poseemos por naturaleza, sino que depende de nosotros.