Ética de la Virtud en Aristóteles: Felicidad y Razón
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La Virtud Aristotélica
La Felicidad como Actividad Virtuosa
“La felicidad es una cierta actividad del alma conforme a la virtud perfecta”. Esto significa que la razón, la actividad racional, es la que dirige y regula todos los actos del hombre, toda la conducta humana; en esto consiste la vida virtuosa. La virtud es un hábito voluntario y libre, que implica deliberación y elección. Aristóteles no comparte el intelectualismo moral de Sócrates. No basta saber el bien para practicarlo ni basta conocer el mal para dejarlo de hacer.
Elementos del Acto Virtuoso
- Conocimiento del objeto y del fin.
- Voluntad de alcanzarlo.
- Deliberación de los medios adecuados para conseguirlo.
- Elección reflexiva.
- Firmeza en la decisión de obrar.
Pasiones, Facultades y Hábitos
La virtud es un hábito. Aristóteles afirma que las cosas que pasan en el alma son de 3 tipos: pasiones, facultades y hábitos o modos de ser.
- Las pasiones son el sentimiento que cada uno tiene ante lo que le ocurre, y van acompañadas de placer o dolor.
- Las facultades son las aptitudes o capacidades que tenemos por naturaleza, y en virtud de las cuales nos afectan las pasiones.
- Los hábitos o modos de ser son conductas adquiridas por la repetición de los mismos actos. Estos hábitos influyen en el carácter de cada uno. Los hábitos representan nuestro comportamiento con respecto a las pasiones. De este modo, según el hábito, podemos moderar nuestro comportamiento o dejarnos llevar por las pasiones.
Para Aristóteles, la virtud y el vicio no son pasiones, ni facultades, sino hábitos, y esto lo demuestra del siguiente modo:
- No se nos llama buenos o malos ni se nos elogia o censura por sentir una pasión, sino dependiendo de cómo nos comportemos con respecto a esa pasión.
- Las pasiones no provienen de un acto de libre elección por parte del individuo, por lo que no es responsable de ellas. La moral presupone libertad de elección; sin ello no existiría responsabilidad en el individuo.
- Las facultades las tenemos por naturaleza. La virtud, la bondad o maldad, no la poseemos por naturaleza, sino que depende de nosotros.