Éticas materiales y formales: principales corrientes filosóficas de la ética

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Sistemas éticos: se distinguen dos tipos de éticas.

Éticas materiales

Son todos aquellos sistemas de pensamiento que reivindican un contenido para saber qué es ético. Proponen normas de conducta basadas en valores como la amistad, la contemplación de la verdad, etc. En general, esta ética material corresponde al mundo antiguo, con la finalidad de buscar la felicidad.

Éticas formales

Frente a las anteriores, sostienen que la clave de la ética no consiste tanto en lo que hacemos como en la forma de nuestro actuar. En este caso no existen normas concretas para ser feliz, sino una actitud general ante la vida. Estas éticas no se fijan solo en lo que hacemos, sino en las razones por las que hacemos lo que hacemos. Son producto exclusivo de la modernidad y buscan una coherencia entre nuestras acciones y el fundamento racional del que se derivan.

Se conocen estos dos tipos de ética con los nombres de éticas materiales y éticas formales.

Éticas materiales

Intelectualismo moral de Sócrates

Sostiene que el conocimiento es el secreto de la educación moral. Conocimiento y virtud son lo único, y la ignorancia es el mal. La virtud puede ser enseñada: cuando el hombre reconoce el bien, obra con rectitud. La causa de que los hombres obren mal no está en una debilidad, sino en un error intelectual: juzgan como bueno lo que en realidad es inconveniente.

Aristóteles: el bien como felicidad

Según él, el hombre es una actitud permanente dirigida a conseguir múltiples fines, pero por encima de todos ellos la razón humana desea un fin último, que es la felicidad. Todos los esfuerzos y todas las acciones humanas la buscan, ya que este es el bien propio de la naturaleza humana.

¿En qué consiste y cómo se alcanza? Aristóteles afirma que se trata de acceder a la perfección propia del ser humano mediante la práctica de la virtud. La virtud remite a un hábito que consiste en ajustar todas nuestras acciones al punto medio entre los extremos, tal como lo haría un hombre prudente. No obstante, para él será la vida del sabio la que garantice la mayor felicidad, pues se centra en aquello que nos diferencia de los animales: el conocimiento racional.

Epicureísmo

La felicidad se consigue mediante el placer, pero este no debe entenderse como una búsqueda desenfrenada del placer. Existen muchos, pero no todos son buenos; es necesario elegir. Hay que preferir los placeres duraderos y estables frente a los pasajeros. Un placer es mayor cuanto más intelectual sea, y por ello considera el conocimiento, la música y la amistad como los máximos placeres que puede gozar el ser humano.

Estoicismo

Fundada por Zenón de Citio, que se reunía en un especie de pórtico (stoa), de ahí el nombre de la escuela. Su base teórica reside en la afirmación de que todo en la naturaleza está sujeto a una ley universal, cuyo resultado es el orden. La finalidad del hombre es vivir en conformidad con la naturaleza. El ideal es la apatía y el autodominio sobre las pasiones. Esto se consigue mediante la razón, pues solo ella puede hacernos ver que los bienes externos no tienen ningún valor para la felicidad. La virtud consiste en la concordancia entre el valor y las causas.

Utilitarismo

Tiene su origen en Inglaterra y está muy influido por las ideas de progreso que inspira la Ilustración. La felicidad se entiende como bienestar o satisfacción de las necesidades. La utilidad o el interés se convierten en el objeto de la moral. Se puede decir que el utilitarismo es la doctrina ética que afirma la utilidad como valor supremo y norma de conducta, a la que queda sometido cualquier otro deber, norma o virtud (John Stuart Mill).

Éticas formales

Ética kantiana

Propone un criterio moral distinto. Considera evidente que los seres humanos desean ser felices y que, para lograrlo, deben hacer uso de una razón prudencial y calculadora. Sin embargo, como las personas imaginan su felicidad de forma distinta, una razón de este tipo solo puede formular consejos. Las personas tenemos conciencia de que hay determinados mandatos que debemos seguir, hagamos o no felices. Es nuestra propia razón la que nos dicta cómo comportarnos para ser personas auténticas. Por eso, las leyes morales se expresan como imperativos categóricos (incondicionados) y no simplemente como hipotéticos. La ética kantiana no es una ética de la felicidad, sino una ética del deber.

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