Felipe III y su Reinado (1598-1621): Validos, Expulsión Morisca y Política Pacifista
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EL REINADO DE FELIPE III (1598-1621)
Política interior
Felipe III llegó al trono en 1598 con una conciencia de crisis nacional e internacional. Heredaba dos guerras contra Francia y Holanda y un estado prácticamente en bancarrota.
1. El gobierno de los validos
Felipe III inauguró la costumbre de delegar el ejercicio del poder en un valido al conceder las riendas del estado a Francisco Gómez de Sandoval, al que otorgó el título de duque de Lerma. El duque de Lerma alcanzó altas cotas de poder. Ocupó los principales cargos del Estado, como eran la presidencia del Consejo de Castilla o de la Inquisición. La influencia ilimitada que el valido ejercía sobre el monarca quedó demostrada en 1601, cuando la capital del reino se trasladó temporalmente de Madrid a Valladolid en un ambiente de pomposidad hasta entonces nunca visto en España y que llevaron a la corrupción a todo el aparato administrativo español, empezando por el propio valido.
Intervinieron otros factores:
- La creciente complejidad de las tareas de gobierno.
- La complicada maquinaria administrativa y la afluencia de documentos y personas llegados a la corte, que hacían imposible que el monarca se ocupara personalmente de todos los asuntos.
Los validos compartieron una serie rasgos comunes:
- Eran los protectores del poder real y los mediadores entre el rey y los reinos.
- Pertenecían a la aristocracia y disfrutaban de cargos en la corte.
- Crearon una red clientelar de familiares y amigos sobre las que incrementaron su poder.
La aparición del valido supuso también la sustitución de los consejos por las juntas.
2. La expulsión de los moriscos
En 1609 se decretó en España la expulsión de los moriscos de los reinos de Aragón y Valencia y de la corona de Castilla. Por una parte, se acusaba a los moriscos de seguir practicando la religión musulmana y de mantener sus costumbres, a pesar de su forzada conversión. Por otra parte, se les suponía colaboradores de la piratería turca y berebere en el Mediterráneo.
La nobleza señorial fue indemnizada con las tierras abandonadas por los expulsados. La repoblación emprendida en Valencia atrajo a pocos colonos de fuera y las condiciones de explotación impuestas a los repobladores fueron muy duras.
Política exterior
La política exterior de Felipe III ha sido calificada como pacifista en comparación con la actividad bélica de su padre, Felipe II.
1. La paz con Francia
A pesar de la firma del tratado de Vervins en 1598, las relaciones entre Francia y España siguieron tensas. En 1601, el monarca francés Enrique IV ocupó las comarcas fronterizas del ducado de Saboya. La muerte de Enrique IV en 1610 supuso para España unos años de paz, ya que su viuda, María de Médicis, se mostró partidaria de la amistad española.
2. La paz con Inglaterra
La paz de Londres, en 1604, puso término a una guerra concebida para evitar el apoyo inglés a los rebeldes holandeses. España había tratado de aprovechar el descontento de los escoceses. Por otra parte, las tropas españolas instaladas en Flandes resultaban un peligro permanente para Inglaterra. Las negociaciones supusieron la concesión de facilidades al comercio inglés.
3. La tregua de los Doce Años
Durante el reinado de Felipe II, las Provincias Unidas (Holanda) mantenían la lucha por su independencia del dominio español. La abdicación de Felipe II en su hija Isabel Clara Eugenia y su marido el archiduque Alberto de Austria, como regentes de aquellos territorios, no puso fin al problema, ya que se mantuvieron los enfrentamientos. En la lucha se mezclaban razones de carácter político, religioso y económico.
El cansancio y las dificultades financieras llevaron a la firma en 1609, de una tregua de doce años, en la que intervinieron también otras razones:
- El triunfo de los intereses pacifistas en Holanda que permitiera un incremento de los negocios y de la riqueza de la burguesía flamenca.
- Las revueltas de los tercios españoles por la falta de paga, lo que demostraba la penuria económica de Castilla.
- El virtual equilibrio en el desarrollo de la guerra por tierra y por mar.
A pesar de la tregua, el gobierno español no tenía intención de retirarse de Flandes. En 1616, ante la evidencia de que los regentes no tendrían descendencia, Felipe III se hizo jurar fidelidad.