Manuel Godoy: Estrategia y Reformas en la España del Siglo XVIII (1792-1808)

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El Ascenso de Manuel Godoy y su Gobierno

De la Guerra a la Alianza con Francia

En España, Manuel Godoy asumió, en noviembre de 1792, el cargo de Primer Secretario de Despacho —equivalente a primer ministro— en sustitución de Aranda. Debido al favor de la reina María Luisa y del propio Carlos IV, dirigió España hasta 1808 con un breve paréntesis de dos años (1798-1800). Su actitud fue la de un típico gobernante del despotismo ilustrado, temeroso, por un lado, de la revolución, y, por otro, promotor de medidas de reforma educativa y económicas. Fue siempre considerado un advenedizo, odiado y rechazado, tanto por los sectores ilustrados como por los reaccionarios absolutistas.

La Guerra de la Convención (1793-1795)

El Avance Inicial del Ejército Español

Anulados los Pactos de Familia después de la ejecución de Luis XVI, en 1793, España, por vez primera en 90 años, rompió sus lazos con Francia y declaró la guerra. Pero la inmediata apertura de hostilidades significó mucho más que una manifestación de solidaridad familiar entre miembros de la misma Casa Real. Era la respuesta de la España del Antiguo Régimen a quienes habían roto el orden tradicional, fundamentado en el absolutismo de los reyes, los privilegios de la nobleza y la hegemonía de la Iglesia. Por este motivo, la Guerra de la Convención tendría sus predicadores laicos y eclesiásticos, que movilizaron las masas en una auténtica cruzada popular contra un país regicida y enemigo de la religión.

El ejército del General Ricardos avanzó sobre la Cataluña francesa, sin que se aprovecharan los éxitos iniciales con la firma de un tratado de paz, como pedían a Godoy algunos cortesanos. La alianza coyuntural contra la Convención no amortiguó los recelos del Gobierno de Madrid hacia Gran Bretaña, empeñada en que la poderosa armada española participase activamente en el bloqueo naval a Francia. La diplomacia de Londres deseaba forzar un enfrentamiento con la flota francesa para asegurarse el dominio de los mares del mundo y de su comercio. La Marina Española se desentendió de estos requerimientos y consiguió mantener despejadas las comunicaciones con América.

La Reacción Francesa y los Reveses

En tierra, pronto llegaron los reveses, debido a la pésima preparación técnica, ya denunciada en los escritos de los arbitristas ilustrados, y por el penoso abastecimiento y la baja moral de la tropa española frente a los enardecidos revolucionarios franceses. A lo largo de 1794, las fuerzas de la Convención ocuparon buena parte de Cataluña, sin que el gobierno se decidiera a reforzar sus efectivos militares hasta la formación de comités de defensa en Barcelona y la puesta en pie de un ejército local.

El Caso de Guipúzcoa y la Lealtad Territorial

El desastre fue aún mayor en Guipúzcoa, que cayó fácilmente en manos francesas, toda vez que su Diputación, excediéndose en sus competencias forales, negoció la paz. Pese a que el comportamiento de algunas autoridades pudo hacer dudar de su lealtad, no hubo peligro alguno de secesión en estos territorios de la monarquía. A favor de la corona jugaban la vieja antipatía hacia los franceses, el patriotismo de los púlpitos y el sentimiento tradicionalista herido por el anticlericalismo de la Convención, responsable, además, del destierro de miles de sacerdotes franceses refugiados en España.

La Paz y la Continuidad del Reformismo