Fundamentos Biológicos del Comportamiento Criminal: Teoría Neuroandrogénica y Biotipologías
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La Teoría Neuroandrogénica de Ellis
Proposición evolutiva: Los comportamientos agresivos y criminalmente adquisitivos evolucionaron en cuanto a aspectos implicados en los mecanismos de reproducción humana.
Proposición neuroandrogénica: Las hormonas sexuales alteran el funcionamiento cerebral promoviendo el comportamiento competitivo/victimizador.
Aspectos reproductivos implicados:
- Selectividad femenina: Preferencia femenina por varones con estatus para proveer al hijo.
- Comportamiento masculino naturalmente competitivo, a partir de vías socialmente aceptadas.
- En casos en que esto no augure éxito reproductivo, se activan preferencias por competitividad victimizadora.
- Los genes que promueven la competitividad (o la criminalidad) se localizarían en el cromosoma Y (masculino).
- Esto explicaría las diferencias de criminalidad intersexuales.
Proposición neuroandrogénica:
- Relevancia de la testosterona.
- La sexualidad por defecto es la femenina; para que se desarrolle un nuevo varón, los genes situados en el cromosoma Y durante los primeros meses de gestación han de transformar hipotéticos ovarios en testículos.
- Una vez desarrollados estos, producirán sustanciales cantidades de andrógenos.
- Períodos de especial producción: perinatal (efectos irreversibles), pospuberal.
Características del comportamiento agresivo-victimizador:
1. Promotores:
- Baja sensibilidad hacia las consecuencias adversas (activación cerebral subóptima).
- Inclinación del sistema límbico a los estados de crispación/convulsión (ira, rabia, emociones negativas).
- La exposición a andrógenos afecta al funcionamiento subcortical, que pasa a concentrarse menos en el hemisferio izquierdo (dominio del lenguaje) y más hacia el derecho (cálculo riesgo/recompensa).
2. Inhibidores:
- Inteligencia (eficacia neural).
- Funciones cognitivo-ejecutivas (eficacia relacionada con el razonamiento moral y el cálculo de consecuencias a largo plazo).
Correlatos biológicos de criminalidad:
Testosterona, mesomorfismo, exposición a la nicotina en fase de gestación (afecta a la eficacia de las funciones ejecutivas cerebrales), hipoglucemia, epilepsia, bradicardia ante estímulos ambientales, patrones anómalos de conductividad de la piel.
Las Llamadas Biotipologías: Concepto y Principales Investigadores
En Criminología, ha existido una línea de investigación que ha analizado la posible relación entre tipologías corporales (biotipologías) y delincuencia.
Una de las más conocidas fue desarrollada en 1921 por el psiquiatra alemán Ernst Kretschmer, que estableció, a partir del estudio de más de 4.000 sujetos, tres tipos corporales vinculados a cierta caracterología:
- El leptosomático o asténico: delgadez, poca musculatura, introversión.
- El atlético: gran desarrollo esquelético y muscular.
- El tipo pícnico: tendente a la obesidad y proclive a la sociabilidad.
Según Kretschmer, habría más delitos violentos y una mayor tendencia a la reincidencia entre los tipos constitucionales atléticos; delitos de hurto y estafas entre los leptosomáticos; y fraudes entre los pícnicos.
El norteamericano William Sheldon estableció en 1949 una biotipología que distinguía tres somatotipos o tipos corporales asociados a tres tipologías de personalidad, cuyas características se mantendrían a lo largo de la vida del individuo (Sheldon, 1949; Schmalleger, 1996):
- El ectomorfo: delgadez, fragilidad, cerebrotonia (le daría una tendencia al retraimiento y a la inhibición).
- El mesomorfo: atlético, predominando el tejido óseo, muscular y conjuntivo, y la somatotonia, en forma de fuerza y expresividad muscular.
- El endomorfo: cierta redondez corporal, y viscerotonia, que le confiere un tono relajado y sociable.
Según estudios realizados por el matrimonio Sheldon y Eleanor Glueck (Glueck y Glueck, 1956) y por Juan B. Cortés (Cortés, 1972), estos muestran un porcentaje más elevado de personas pertenecientes al tipo mesomorfo entre las poblaciones de delincuentes tanto jóvenes como adultos. Sin embargo, no conocemos si ese predominio de mesomorfos se repite también en otras muestras no delincuentes.
Puede que los individuos con mayores tendencias intelectuales y a la introversión (propias de los ectomorfos) y aquellos otros en los que predomina la laxitud y la benevolencia (los endomorfos) no se sientan tan atraídos por actividades impulsivas y violentas, mientras que el espíritu extrovertido, menos inhibido y tal vez más agresivo de los mesomorfos favorezca que se vean inmiscuidos en actividades delictivas.