Guillermo de Ockham: Separación Iglesia-Estado y Límites del Poder Papal
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Guillermo de Ockham y la Separación Iglesia-Estado
Guillermo de Ockham fue un precursor de la idea de la separación entre lo religioso y lo político. Consideró que la fe y la razón son totalmente independientes y distintas. La fe depende de la revelación, así que no necesita de la razón. La razón es una facultad otorgada por Dios al hombre para que este se guíe en el mundo, por lo que no necesita de la fe en su ámbito propio.
La Crítica de Ockham al Poder Papal
Según Ockham, el poder del Papa, tanto en lo político como en lo religioso, es contrario a la enseñanza evangélica. El Papa debe ser un servidor de los fieles cristianos y su autoridad debe estar limitada por la expresión libre de la fe de todos los miembros de la Iglesia. Además, niega la infalibilidad del Papa y rechaza el orden jerarquizado y autoritario de la Iglesia de su tiempo.
Ockham argumenta que si el poder del Papa está solo al servicio de los fieles, no es legítimo que el Papa se inmiscuya en asuntos políticos. De esta forma, religión y política quedan delimitadas como ámbitos paralelos, pero separados, hasta el punto de considerar que el poder político no obtiene su legitimidad de Dios, sino de que se atenga al bien común, único fin legítimo del Estado.
La Legitimidad del Poder Civil
Así que el poder civil no procede del Papa; este no tiene autoridad para elegir, confirmar o destituir a los gobernantes, esto le corresponde solo al pueblo. Ockham defiende un Estado donde exista la tolerancia y el respeto hacia diferentes creencias.
Excepciones y Justificaciones
En caso de que el Estado mantuviese leyes contrarias a los derechos naturales de los hombres otorgados por Dios, el Papa podría hacer valer su poder, pero siempre subordinándolo al del pueblo. Para defender su argumento, Ockham sostiene que el Imperio existía desde antes que la Iglesia, y que los Evangelios justifican tal separación.
Limitaciones al Poder Papal dentro de la Iglesia
El dominio ilimitado del Papa en la Iglesia carece también de justificación y perjudica gravemente los intereses espirituales de la cristiandad, ya que sienta bases para la degradación moral y la corrupción. Por eso, su poder debe estar limitado, por un lado, a la esfera de la espiritualidad y, por otro, limitado dentro de la Iglesia a través del Concilio.