Hume sobre la causalidad, el yo y la idea de sustancia: origen y límites del conocimiento
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Hume sobre la causalidad, el yo y la idea de sustancia
3º.- Introducción al rechazo de las ideas de sustancia
3º.- De ahí que Hume rechace como válidas las ideas de sustancia, el yo o la causalidad. Tenemos impresiones de las cualidades de las cosas, no de las cosas en sí. Lo que ocurre es que nuestra mente asocia un conjunto de impresiones simultáneas y con ello produce la idea de la cosa como algo sustancial. Pero la cosa como tal no es objeto de percepción. Lo mismo ocurre con la idea del yo o sustancia espiritual: la mente asocia una serie de ideas sucesivas, atribuyéndolas a una misma sustancia que es la propia mente, pero la idea misma de tal mente no se nos da en ninguna impresión.
La posición de Hume respecto a la sustancia y la causalidad
Por lo demás, el análisis de la idea de sustancia espiritual no ocupa en los escritos de Hume una posición tan predominante como su análisis de la relación causal. Sin lugar a dudas, el tratamiento de este problema constituye lo más novedoso de la filosofía de Hume, por cuanto hasta él nadie se había planteado el origen del conocimiento de esa relación causal que la filosofía consideraba como un nexo necesario.
La idea de causalidad: impresiones, conjunción y costumbre
De acuerdo con su programa, Hume se pregunta de qué impresión o impresiones deriva nuestra idea de causalidad. Y contesta que lo único que llegamos a observar es una conjunción constante. A buen seguro, la idea de conexión necesaria pertenece también a nuestra idea de causalidad, pero no podemos indicar impresión sensible alguna de la cual se derive. Se trata de una idea que puede explicarse con ayuda del principio de asociación, pero por mucho que observemos las relaciones objetivas entre la causa y el efecto, todo lo que encontraremos será una conjunción constante. La costumbre —el hábito— nos lleva a suponer que el futuro se conformará al pasado. Así pues, cuando hablamos de causalidad no hablamos de una ley de las cosas, sino de una ley de nuestro modo de pensar las cosas, exclusivamente producida por la experiencia acumulada y por el hábito.
Implicaciones epistemológicas: escepticismo y límites
De lo dicho se deriva que no podemos utilizar legítimamente el principio de causalidad para ir más allá de la experiencia de un modo que amplíe nuestro conocimiento. Por ejemplo, no podemos utilizarlo para demostrar la existencia de Dios, como ocurre en Descartes, Locke y Berkeley. En realidad, para Hume podemos estar seguros de muy pocas cosas, y el resultado consecuente del análisis de Hume es el escepticismo. No podemos justificar racionalmente nuestras creencias, como por ejemplo la creencia en la uniformidad de la naturaleza; sin embargo, para la vida práctica estas creencias son necesarias.
Conclusiones principales
- Hume niega que tengamos impresiones de sustancias o del yo; solo percibimos cualidades e impresiones particulares.
- La idea de sustancia surge por asociación de impresiones simultáneas o sucesivas, no por percepción directa.
- La causalidad se reduce a la observación de conjunciones constantes; la noción de conexión necesaria no procede de una impresión sensible.
- La costumbre o hábito explica por qué esperamos que el futuro se parezca al pasado, pero no proporciona certeza racional.
- Como consecuencia, Hume plantea un escepticismo respecto a la justificación racional de muchas creencias centrales en la filosofía y la teología.
Notas finales
El texto recoge las ideas fundamentales de Hume sobre sustancia, yo y causalidad y subraya la importancia de la experiencia y la asociación en la formación de nuestras creencias. Aunque estas creencias son imprescindibles para la vida práctica, su fundamento racional resulta, según Hume, insuficiente.