El Animal Fantástico: Razón Histórica y Evolución Técnica en Ortega y Gasset

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El Animal Fantástico y la Evolución de la Técnica

Hoy en día nos encontramos inmersos en un medio intelectual en que predomina cada vez más el naturalismo. En esta circunstancia recurrimos una vez más a Ortega como «maestro de filosofía»6, porque el estudio de su obra ayuda a pensar a fondo los problemas y estimula a buscar una salida apropiada a cada momento histórico. En nuestro momento el naturalismo arrasa, intentando naturalizar los conceptos filosóficos tradicionales y llegando hasta la naturalización de la normatividad moral. En virtud de todas estas tendencias, la filosofía contemporánea se está decantando hacia posiciones naturalizadas en todos los ámbitos. La animalidad del ser humano ha adquirido de nuevo una relevancia casi espectacular.

No obstante, los diversos y muy variados naturalismos no aclaran suficientemente qué entienden por «naturaleza»7; es ésta una cuestión fundamental que casi siempre queda en la penumbra, pero que Ortega aborda explícitamente. En bastantes ocasiones se tiende a considerar naturalista a toda forma de pensamiento filosófico que tiene en cuenta la evolución natural, como si la consideración de cualquier concepto desde la óptica de la evolución condujera necesariamente a naturalizarlo, lo cual constituye una exageración indebida. Pues, como veremos a continuación, el pensamiento orteguiano se sitúa más allá del naturalismo ya predominante en su época, aun habiendo partido de una figura de la animalidad y de una visión evolutiva (natural) del hombre, y a pesar de que esta consideración de la animalidad humana constituye la base de su concepción experiencial de la razón vital e histórica.

El Animal Fantástico y la Razón Histórica

La figura del «animal fantástico», que también se encuentra en Nietzsche, está íntimamente conectada con la propuesta orteguiana de la razón vital e histórica. De hecho, uno de los asuntos que Ortega presenta en reiteradas ocasiones a lo largo de su producción es la relevancia de la fantasía. Ésta no es el ámbito de la irracionalidad, sino más bien de la protorrazón, capaz de acercarnos a la realidad de un modo originario, dada la peculiar manera de ser del hombre. Así lo expone Ortega recurriendo —como Platón— al mito, a una fábula, con la que nos narra el origen del ser humano a partir de una especie animal enferma.

Según Ortega, fue una especie animal en la que brotó un «torrente de fantasía», la que se convirtió en hombre, en «animal fantástico». Y lo que llamamos «razón» no es sino fantasía puesta en forma. Lo más racional es fantástico. La fantasía crea proyectos, a los que llamamos «ideales», es decir, lo que el hombre quiere llegar a ser.

De ahí el persistente «descontento» del hombre, porque siempre «echa de menos lo que nunca ha tenido». He aquí la radicación de la razón histórica en el animal fantástico. Pues los demás animales se adaptan al medio, pero el hombre procura adaptar el medio a «sí mismo». Para ello tiene que transformar el mundo en otro conforme a sus deseos, que no serán ya sólo instintivos, sino también «deseos fantásticos», para cuya posible satisfacción su campo de acción será la historia y el instrumento, la técnica.

El Hombre: Un Animal Elector

Debido a la riqueza de «posibilidades» que le abre su fantasía, este animal histórico y técnico tendrá, pues, que «elegir» entre ellas, «seleccionar», convirtiéndose en un animal «elector». De ahí procede el terrible privilegio de la «libertad del hombre». En definitiva, el hombre «se hizo libre porque se vio obligado a elegir. El hombre es novelista de sí mismo y se necesita fantasía para crear el propio programa vital»13. A partir de la fantasía el hombre se ve «condenado» a una razón que es histórica.

En definitiva, se presenta un nuevo estilo de pensamiento, precisamente un pensamiento capaz de ir más allá del imperante naturalismo, a pesar de haber partido de la figura del animal fantástico y su razón experiencial, vital e histórica, alimentada primordialmente por la fantasía.