El Imperio de Carlos V: Herencia Territorial y Política Exterior de los Habsburgo
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1.1. El patrimonio de Carlos V
A la muerte de Fernando de Aragón en 1516, se puso fin al reinado de los Trastámara en la península ibérica. Tras el breve periodo de regencia del cardenal Cisneros, Carlos I, perteneciente a la familia de los Habsburgo, desembarcó en la costa cantábrica.
La herencia recibida por Carlos V en Europa
- 1. Nacido en 1500 en Gante, Carlos ya había alcanzado la mayoría de edad cuando llegó a hacerse cargo de su herencia materna (la de Isabel y Fernando). A su patrimonio unió los territorios de su familia paterna: desde 1515 gobernaba de hecho en los Países Bajos y el Franco Condado y, en 1519, a la muerte de su abuelo Maximiliano I, fue elegido y coronado emperador del Sacro Imperio con el nombre de Carlos V.
- 2. Fue un soberano cosmopolita debido a su formación y al hecho de no disponer de una capital del imperio ni una residencia permanente; gobernaba sobre un conjunto de estados heterogéneos que tenían lenguas, culturas e instituciones diferentes.
- 3. Los ingresos y el poder del nuevo monarca procedían de su propio patrimonio, y en especial de Castilla, a través de los impuestos y de los recursos procedentes de las Indias. El reino castellano disponía de instituciones que permitían el ejercicio centralizado del poder. Por ello, Carlos V convirtió a Castilla en el centro de su política: aprendió su lengua, residió allí con frecuencia y, con el tiempo, la mayoría de sus consejeros y secretarios fueron castellanos. Finalmente, murió en Yuste (Reino de Castilla) tras su abdicación en 1558.
1.3. La política exterior del emperador
La política exterior de Carlos V no tenía otro objetivo que la defensa de su herencia dinástica. Para ello, tuvo que recurrir constantemente a la guerra contra tres enemigos principales:
- El rey de Francia.
- El sultán del Imperio otomano (el turco).
- Los príncipes alemanes protestantes.
Para los intereses de Castilla y Aragón, la defensa del Mediterráneo occidental frente a los turcos era prioritaria. Sin embargo, el monarca dio preferencia a la hegemonía en Europa. Con este fin, emprendió guerras por todo el continente y empleó los instrumentos heredados de Fernando de Aragón: una eficaz red de embajadores y un poderoso ejército que ya había combatido en Italia. A este último se sumó un número creciente de mercenarios organizados en tercios.
La política exterior y las guerras fueron posibles gracias a la financiación proporcionada por el oro y, sobre todo, la plata procedente de las Indias. Las principales consecuencias de esta política exterior fueron la hegemonía de los Habsburgo en Italia y un considerable prestigio militar en tierra. No se logró crear una flota que detuviese a los turcos en el Mediterráneo ni tampoco se pudo contener la difusión del protestantismo por el norte y el centro de Europa. Por último, los elevados gastos militares dejaron una pesada herencia de deudas y acreedores a su hijo Felipe II y limitaron, a su vez, los objetivos de esta política exterior.