John Stuart Mill: Utilitarismo, Imparcialidad y la Maximización del Bienestar
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John Stuart Mill y el Utilitarismo
El Principio Utilitarista
El principio utilitarista sostiene que debemos hacer aquello que beneficie al mayor número posible de personas. Esto implica que debemos ser imparciales: lo que importa es maximizar el beneficio, no quién lo obtiene. De ahí que el agente tenga la obligación moral de no dar prioridad a su propio bienestar, ni al de aquellos con quienes tiene relaciones especiales, sobre el de los desconocidos.
En lo que concierne a la elección entre su propia felicidad y la de los demás, el utilitarismo requiere de él (el agente) que sea estrictamente imparcial, como si fuera un espectador desinteresado y benevolente.
Stuart Mill da por sentado que el principio utilitarista debe ser interpretado de modo que no se entienda que el agente tenga la obligación moral de beneficiarse a sí mismo a costa de los demás. (Hay que tener en cuenta que, en una aplicación rigurosa del principio, esta podría ser una consecuencia en algún caso; podría ocurrir, por ejemplo, que el agente fuera una persona joven y cultivada, y que los demás fueran vulgares y viejos, de manera que dedicar los recursos propios e incluso ajenos a beneficiarse a sí mismo fuera, efectivamente, la acción que maximizara la utilidad global). También afirma expresamente que el principio debe aplicarse sin perder de vista la equidad. (También esto requiere una reinterpretación del principio utilitarista, el cual, en rigor, solo exige que maximicemos el beneficio global, y nada dice del caso en que para cumplir ese objetivo debamos hacer un reparto muy desigual).
La Imparcialidad y la Base Natural de la Moral
Stuart Mill se mantiene firme, eso sí, en la idea de que tenemos la obligación moral de ser estrictamente imparciales. A primera vista tiene razón. Imaginemos una situación en que un político tiene que elegir entre dos suministradores. Lo justo es que sea imparcial y le dé el contrato a quien ofrezca mejores condiciones, no a aquel por el que siente un afecto personal mayor, como el que podría tener por un pariente cercano.
Sin embargo, lo cierto es que nuestras actitudes morales tienen una base natural, y esta, a su vez, se expresa en afectos por las personas cercanas, incluso físicamente cercanas, y con las que tenemos una relación personal.