El Legado de Descartes: Conciencia, Realidad y Desafíos Filosóficos Actuales
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Valoración Crítica y Vigencia del Pensamiento de Descartes
La primera repercusión importante del pensamiento de Descartes se encuentra en su punto de partida: su filosofía es, ante todo, una filosofía de la conciencia. Descartes se recluye en la soledad de su conciencia para responder a la pregunta que inaugura la modernidad: ¿qué puedo conocer? Se trata, pues, de desvelar la verdad de los contenidos de la conciencia.
La Objetividad de los Contenidos de la Conciencia
Esto nos plantea el problema de la objetividad de tales contenidos: ¿son las cosas como se nos aparecen en la conciencia? Este problema se desdobla, a su vez, en dos interrogantes fundamentales:
¿Somos como creemos ser?
Descartes contesta afirmativamente: sabemos que somos seres pensantes y no podemos equivocarnos en cuanto al conocimiento que, como tales, tenemos de nosotros mismos. Sin embargo, supongamos que nos preguntan qué sentimos por una persona y respondemos que la apreciamos muchísimo. ¿No podría darse el caso de que creamos que es así, pero que en el fondo, y sin ser conscientes de ello, no nos caiga nada bien e incluso la odiemos? Aquí nos habríamos apartado del planteamiento cartesiano: los verdaderos contenidos de nuestro pensamiento podrían no ser aquellos de los que somos conscientes, sino precisamente aquellos otros de los que no lo somos. Cabría la posibilidad de que lo que somos no se corresponda con lo que creemos ser. Este es el camino emprendido por las llamadas «filosofías de la sospecha»: el psicoanálisis, el marxismo y la filosofía de Nietzsche.
¿Es el mundo que nos rodea como creemos que es?
Descartes también responde afirmativamente, basándose en la idea de que Dios ha hecho acordes las leyes de nuestro pensamiento y las de la realidad.
La Intersubjetividad y la Confianza en la Razón
Respecto al problema de la intersubjetividad de los contenidos de la conciencia, Descartes considera que, puesto que todas las conciencias funcionan del mismo modo, lo que nos aparece como evidente será válido para todos los seres conscientes. El reconocimiento de la «voluntad de verdad» como condición fundamental de la verdad teórica anticipa los requisitos morales de las modernas teorías consensuales de la verdad, como las de Apel y Habermas. Además, al considerar Descartes que el error reside en la precipitación que cometemos al admitir algo como verdadero (en la voluntad), se pone de manifiesto que el racionalismo cartesiano tiene una confianza ilimitada en el poder de la razón, confianza que pervive en el «espíritu científico» de nuestra civilización occidental.
La Primacía de la Razón y el Método Cartesiano
De especial interés es la primacía que otorga Descartes a la razón frente a los sentidos. Esta postura confiere una preeminencia al sujeto del conocimiento, abriendo paso a posteriores concepciones idealistas de la realidad, como las de Kant, Hegel o Husserl. Por otra parte, la conveniencia de un método riguroso para que nuestra razón avance en la investigación es un legado intelectual fundamental que todos hemos heredado de Descartes.
El Problema Antropológico: Mente y Cuerpo
La metafísica cartesiana también plantea el problema antropológico de la relación entre alma y cuerpo, en su versión contemporánea entre el pensamiento (o mente) y el cuerpo. Aunque actualmente algunos autores, como J. Searle, quien considera que no podemos identificar los estados mentales con los físicos, sí reconoce que los procesos mentales son procesos que acaecen en el cerebro (es decir, lo mental emerge de lo físico).
Libertad Humana en un Universo Determinista
Este problema también está en conexión con otro derivado del mecanicismo que regula los procesos materiales: ¿cómo es posible la libertad humana en un universo determinista regido por leyes inmutables?
El Papel Central de Dios en el Sistema Cartesiano
Como hemos visto, Dios es la clave fundamental del sistema cartesiano.