El Legado de Góngora: Entre el Príncipe de la Luz y las Tinieblas
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Luis de Góngora: Vida y Obra
Vida
Sus verdaderos apellidos eran Argote y Góngora, pero cambió el orden de los mismos por la fascinación que ejercían en él las palabras esdrújulas. Aunque nació y murió en Córdoba, la mayor parte de la vida de Góngora transcurrió fuera de esa ciudad. Estudió Leyes en Salamanca; dedicó su vida al sacerdocio, quizás no con mucha vocación.
Se considera a Góngora como el máximo representante del culteranismo y eso le llevó a una enemistad eterna con Quevedo; Góngora y Quevedo se odiaron en la vida y en la obra, porque representaban posturas e irreconciliables en lo literario. En los últimos años de su existencia, ya enfermo, Luis de Góngora se retiró a Córdoba, su ciudad natal, muriendo en 1627.
Trescientos años más tarde, un grupo de poetas jóvenes le dará un homenaje en Sevilla y, con el paso del tiempo, dichos poetas serán conocidos como la Generación del 27.
Obra
Su producción fue esencialmente poética. En ella se advierten dos tendencias: un Góngora fácil y lúdico, que utiliza sobre todo el romance y el soneto; y otro Góngora difícil y oscuro, autor de dos poemas extensos. Con toda razón, el licenciado Francisco Cascales, en el siglo XVII, habló de un “príncipe de la luz” y de un “príncipe de las tinieblas”, refiriéndose a estas dos caras que presenta la obra gongorina.
El Príncipe de la Luz
Dentro de ese Góngora que hemos nominado como «príncipe de la luz», nos vamos a encontrar con:
- Letrillas satíricas: Algunas tan famosas como ¡Ándeme yo caliente y ríase la gente!
- Romances con estribillos: Como aquel que comienza con el verso “Que se nos va la pascua, mozas”. Esta última composición trata del tema horaciano del carpe diem, pero de manera jocosa.
Para todo buen conocedor de nuestra literatura, no resultará difícil encontrar en algunos de sus versos un homenaje a Garcilaso de la Vega. Finalmente están los sonetos, los magníficos versos de Góngora entre los que podemos destacar “La dulce boca que a gustar convida”.
El Príncipe de las Tinieblas
Al Góngora «príncipe de las tinieblas» lo vamos a encontrar sobre todo en dos poemas extensos de gran dificultad:
- La Fábula de Polifemo y Galatea: Cuenta los amores de un monstruo de un solo ojo hacia Galatea; su tema es el de la bella y la bestia.
- Las Soledades: Este último quedó incompleto. Trata de las edades del hombre, aunque Góngora no lo pudo terminar.
El poeta y crítico Dámaso Alonso, miembro de la Generación del 27, estudió ambos poemas, desentrañando sus arriesgadas metáforas.