Libertad y Existencia: Angustia, Desamparo y Desesperación en la Filosofía de Sartre

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La Libertad y sus Afectos en el Existencialismo Sartriano

Para Jean-Paul Sartre, la libertad es la categoría antropológica fundamental: el ser humano es una consecuencia de lo que él mismo ha decidido ser. Esta autoría o responsabilidad radical sobre uno mismo conlleva varios efectos. En su obra fundamental, El existencialismo es un humanismo, Sartre describe tres afectos clave que acompañan a la libertad:

  • La Angustia

    La angustia es el sentimiento más importante, puesto que Sartre llega a declarar que 'el hombre es angustia'. La angustia no surge por ningún motivo concreto ni de ningún objeto externo; es el miedo de uno mismo, de nuestras decisiones y de sus consecuencias. La angustia aparece al sentirnos responsables radicales de nuestra propia existencia. Es crucial recordar que, para Sartre, esta conciencia de la responsabilidad se incrementa al darnos cuenta de que nuestra elección no se refiere solo a la esfera individual, sino también a la social. Al elegir, afirma Sartre, nos convertimos en legisladores.

    A su vez, nos recuerda que el sentimiento de angustia lo experimentan todas las personas con responsabilidades, citando el caso del jefe militar que decide enviar a sus hombres al combate, sabiendo que tal vez los envía a la muerte.

    Podría parecer que la angustia lleva al quietismo, pero Sartre sostiene que ocurre lo contrario, ya que es una expresión de nuestra libertad: si no tuviésemos que elegir, no nos sentiríamos responsables ni tendríamos angustia. La angustia acompaña siempre al ser humano; sin embargo, al examinar nuestra conciencia, observamos que muy pocas veces la sentimos de forma explícita. Sartre explica esta circunstancia indicando que, en estos casos, lo que hacemos es huir de ella adoptando conductas de mala fe.

  • El Desamparo

    Este sentimiento es una consecuencia de la conciencia de la radical soledad en la que nos encontramos al decidir. Al elegir, no es válido excusarse indicando que estamos cumpliendo una orden de un superior; no cabe refugiarse en la excusa de la fuerza de una pasión, de la presión de una circunstancia o de la autoridad, ya que somos libres y estamos condenados a ser libres. Nuestra decisión es intransferible y se toma en soledad también en otro sentido: los valores que dirigen nuestra elección los inventamos nosotros mismos.

    Dios no existe y, por ende, no existen valores morales absolutos. Sartre recuerda la célebre frase: 'Si Dios no existiera, todo estaría permitido', y declara que este es el punto de partida del existencialismo. Todo está permitido si Dios no existe, y no hay excusa de ningún tipo para nuestras acciones.

  • La Desesperación

    Debemos comprometernos con un proyecto, debemos elegir nuestro ser, y esta elección no debe descansar en la esperanza de su realización inevitable.