El Matrimonio Judío: Ritos, Ley y Tradición en Kidushin y Nissuin

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Kidushin: El Desposorio o Santificación

Denominado desposorio o santificación, es la ceremonia en la que se realiza la consagración de la mujer al varón. Esta ceremonia está presidida tradicionalmente por el rabino. Puede decirse que este es el guía de los futuros esposos en la realización del acto legal, pero jurídicamente su presencia es prescindible. No obstante, la costumbre ha hecho habitual la presencia de un ministro oficiante que garantice el cumplimiento de las normas relativas al matrimonio y divorcio, asegurándose de esta forma la ausencia de defectos en la celebración.

Testigos en el Kidushin

Lo que no debe faltar en la ceremonia religiosa judía es la presencia de dos testigos. Estos deben ser de religión judía, con ciertos conocimientos de la ley matrimonial y que no sean parientes ni entre sí ni con los contrayentes. Tampoco pueden ser remunerados ni haber formado parte de la comitiva que acompaña a los novios al lugar de celebración, pues se entiende que mantienen una relación de dependencia y cercanía con uno de los contrayentes. Los testigos deben presenciar de manera activa todas las fases de la celebración matrimonial.

La Ceremonia del Kidushin

La ceremonia suele celebrarse en la sinagoga, aunque nada impide que se celebre en otro lugar. Sin embargo, es necesario que se lleve a cabo bajo un palio o tela de cierta calidad sostenido por cuatro personas, simbolizando el nuevo hogar que se está construyendo. Este palio se conoce por el nombre de Jupá.

Durante la ceremonia, el rabino recuerda los deberes conyugales a la pareja que desea contraer matrimonio y los bendice junto a la bendición de una copa de vino de la cual los futuros esposos han de beber. A continuación, el novio (jatán) coloca a la novia (kalá) un anillo de cierto valor, al tiempo que dice: “He aquí que tú eres santificada a mí con este anillo según la ley de Moisés y de Israel”. Con esta declaración y consentimiento de la mujer, esta queda consagrada al novio.

La novia recibe el anillo sin pronunciar ninguna frase formal: el propio acto de aceptar el anillo es lo que reviste importancia y por ello debe ser presenciado por los testigos. La entrega de este anillo es lo que hace nacer el matrimonio. El anillo debe ser propiedad legal del novio para que el matrimonio sea legítimo. Con la celebración del Kidushin se adquiere cierto estatus matrimonial, surge un compromiso que, sin revestir la fuerza de la unión matrimonial, sí obliga a ambas partes de manera importante.

Nissuin: La Celebración Matrimonial Plena

Es la celebración propiamente dicha y en ella la mujer entra a la casa del marido. Se inicia con la lectura de la ketubá por el rabino.

La Ketubá: Contrato Matrimonial Judío

La ketubá es el contrato matrimonial. Es un contrato redactado por un experto y fue concebida como un mecanismo legal para proteger a la mujer frente al incumplimiento de las obligaciones maritales por parte del marido y a su indefensión ante la arbitraria voluntad de este de disolver el matrimonio. Se realiza con anterioridad y en ella se contienen los compromisos que asumen los novios en el matrimonio: convivencia, cuidado, respeto, fidelidad, etc. En ese contrato se estipula también la cantidad de dinero que el marido debe entregar a la mujer en caso de disolución del matrimonio.

Por su parte, la mujer cede la administración de sus bienes al marido y se compromete a contribuir al mantenimiento familiar. Ambos contrayentes deben firmar la ketubá, pues sin ella no podrán convivir, aunque su ausencia no implica que el matrimonio sea nulo de pleno derecho. También deberán firmarla los dos testigos.

Desarrollo de la Ceremonia Nissuin

A continuación, la novia entrega al novio un manto; envueltos en él, los contrayentes escuchan siete bendiciones que pronuncia el rabino o un invitado, en nombre de los esposos. De hecho, es importante que estos realicen expresamente la delegación en la persona que va a pronunciar las bendiciones. Estas deben ser leídas en voz alta y con claridad; han de ser escuchadas por diez varones.

Finalmente, el novio rompe una copa simbolizando, entre otras cosas, la destrucción de Jerusalén y su templo, y recordando la ruptura de las Tablas de la Ley entregadas por Dios a Moisés. Para dar por concluida la ceremonia, en el rito asquenazí los novios se retiran durante unos minutos a una habitación cercana para simbolizar la consumación del matrimonio.