El Mito de la Caverna de Platón: Un Viaje del Mundo Sensible al Intelecto

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Con la metáfora de los prisioneros, Platón ilustra nuestra situación en el mundo sensible y aparente, así como nuestra falta de educación y formación. Platón nos dice que la humanidad se encuentra condenada en el mundo sensible e irreal, apegada al cuerpo y a lo material. La caverna, al igual que el cuerpo, representa una cárcel para el alma. Sin embargo, Platón sugiere la posibilidad de liberación, que constituye un ascenso dialéctico al mundo inteligible y la posibilidad de obtener la ciencia.

Las Sombras y la Doxa

Con el término “sombras”, Platón utiliza una metáfora para referirse a los objetos del mundo sensible y a nuestro conocimiento superficial de la realidad: la doxa u opinión. En particular, las sombras representan la apariencia y el grado más bajo del ser; lo más irreal, la copia o imagen de los objetos sensibles, que a su vez solo imitan o participan de la auténtica realidad de las Ideas. Este término tiene un sentido ontológico, pues en el mundo sensible nada es estable, sino que todo es fugaz y cambiante. En general, la doxa es un conocimiento poco profundo, pues no versa más que sobre los objetos aparentes del mundo sensible. El conocimiento superior, la episteme o ciencia, debe tener como objeto las Ideas inteligibles y eternas.

Liberación y Ascenso al Mundo Inteleligible

Platón describe el proceso de educación como la posibilidad de liberación de los prisioneros y su subida al mundo inteligible: el exterior de la caverna.

El Alma Inmortal y el Cuerpo como Cárcel

Influenciado por los pitagóricos, Platón introduce la idea del alma inmortal, novedosa en la cultura griega. El alma es preexistente al cuerpo e inmortal, y reside en el mundo suprasensible de las Ideas. El cuerpo es la cárcel del alma, un estorbo, pues las pasiones la arrastran, impidiéndole la contemplación de las Ideas. El cuerpo pertenece al mundo sensible (en cierto modo, es la caverna) y es, por lo tanto, imperfecto; sus conocimientos son meras sombras de la verdadera realidad, que no se capta con los sentidos, sino con “los ojos del alma”.

El Verdadero Conocimiento y sus Grados

El verdadero conocimiento debe tratar sobre el ser, no sobre el devenir, y no puede estar sometido a error; ha de ser necesario. El conocimiento sensible no es verdadero conocimiento, ya que no cumple ninguna de esas características. El conocimiento de las sombras es el primer grado de la opinión: la imaginación o eikasia. Cuando un prisionero es liberado dentro de la caverna y ve el fuego y a los porteadores, alcanza el segundo grado de opinión: la creencia o pistis. Al igual que Parménides, Platón distingue dos formas de conocimiento: una basada en los datos de los sentidos y otra basada en la razón. La parte de la línea que corresponde al mundo inteligible se divide en dianoia (conocimiento matemático) y noesis, que versa sobre los verdaderos principios, es decir, las Ideas. La diferencia entre ellas es de radicalidad y universalidad, pues la noesis ya no trata con imágenes y, además, destruye hipótesis; es el conocimiento totalizador y último que debe tener el filósofo, el gobernante.