El Ocaso de lo Divino: Repercusiones Filosóficas y el Desafío de Nietzsche
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La noción de Dios venía agonizando desde que comenzó a gestarse el imperio de la Razón en el Renacimiento y la Revolución Científica, pero fue la Ilustración la que precipitó su fallecimiento. La conmoción teórico-política-vital producida por la Revolución Francesa acortó hasta el mínimo su agonía.
El Vacío Dejado por la Muerte de Dios
Dios murió, pero su hueco quedó repleto de sólidas instituciones que seguían dispensando orden y providencia. Dios era el sentido del mundo, el garante de las instituciones políticas, el respaldo de la autoridad, el insobornable sancionador —premio y castigo— de la moral, creador, mantenedor, rescatador de la dignidad del hombre, que sin embargo frente a Él no era nada.
Pero Dios era también, y quizá principalmente, el significado de nuestro lenguaje, la posibilidad de un conocimiento organizado, las leyes de la naturaleza y las de la lógica, conservador de la estabilidad en la existencia de las cosas y de la identidad personal —almas con memoria y responsabilidad— de las personas.
Todas estas funciones deberían haberse resquebrajado con la muerte de Dios: ¡el mundo tenía que haberse derrumbado! ¡la vida tendría que haberse hecho inimaginable! Pero apenas hubo algunas limitadas convulsiones.
Las Instituciones como Sucesores del Sentido
Las instituciones tomaron el relevo de su antiguo Dispensador de Sentido y continuaron funcionando solas sin su respaldo. Conceptos fundamentales como:
- El Poder
- La Gramática
- La Lógica
- La Física
- La Moral
- El Derecho
- Las Cosas
- Las Personas
Todo continuó marchando tras la desaparición de Dios. La Ilustración, en un intento de llenar este vacío, sustituyó a Dios por la Razón.
Respuestas Filosóficas a la Muerte de Dios
Hegel y la Razón como Providencia
Para Hegel, por ejemplo, la única forma de resolver la muerte de Dios es afirmar que la Providencia divina sigue guiando la Historia humana, solo que su garantía ya no es Dios, sino la Razón. Como señala Nietzsche en Genealogía de la Moral: "La Iglesia nos repugna, pero su veneno no..."
Schopenhauer: La Voluntad Ciega y la Negación
Schopenhauer fue el primero que rechazó esta resurrección de Dios en forma de Razón al afirmar que el corazón de la realidad era una ciega y destructiva voluntad de existir y que, por lo tanto, la Historia humana carecía de sentido. Frente a esta revelación, Schopenhauer quiso negar la voluntad, autoaniquilarse. También él vivió la muerte de Dios como una disminución, débilmente, reactivamente, sin sacar de ella más que pérdida y preocupación.
Nietzsche: Un Nuevo Impulso Vital
¿Y si no se tratase de garantizar la continuidad de nuestro mundo, sino de tratar de vivir la realidad de esa muerte, de pensarla a fondo, de sufrirla y gozarla a fondo? ¿Y si la muerte de Dios nos exigiese negarnos a sustituir a Dios por la Razón? El enorme riesgo de la muerte de Dios ha sido visto solo como un peligro a evitar, pero puede también ser visto como un nuevo impulso capaz de cambiar el mundo. Este fue el planteamiento de Nietzsche.
Nietzsche considera que lo primero es tomar realmente conciencia de la magnitud y las implicaciones vitales del acontecimiento.