Perfeccionismo y Paternalismo Estatal: Implicaciones de la Debilidad de la Voluntad en la Intervención Pública

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Diferencias entre Perfeccionismo y Paternalismo Estatal

Según el enfoque del perfeccionismo, el Estado no puede permanecer neutral respecto de las concepciones de lo bueno en la vida, y debe adoptar las medidas que sean necesarias para que los individuos ajusten su vida a los verdaderos ideales de virtud y del bien. Es autofrustrante y no puede ser defendido consistentemente en el marco del discurso moral. Cuando hablamos de paternalismo estatal, se trata de imponer a los individuos conductas o cursos de acción que son aptos para que satisfagan sus preferencias subjetivas y los planes de vida que han adoptado libremente. Si el paternalismo fuera inseparable del perfeccionismo, la aceptabilidad de muchas de esas medidas socavaría la plausibilidad de una concepción de filosofía política libre de presupuestos perfeccionistas.

El Fenómeno de la Debilidad de la Voluntad y su Rol en el Argumento Paternalista

Como ya sabemos, el argumento paternalista pretende preservar la salud física y mental de los individuos, desalentando decisiones de ellos mismos que la ponen en peligro. Según esta posición, las personas pueden jurídicamente adoptar cualquier plan de vida o profesar cualquier modelo de virtud personal siempre y cuando no les conduzca a autodañarse o dañar a terceros.

Alternativas para el Consumo de Drogas (o Conductas Autolesivas)

Tres pueden ser las alternativas por las cuales una persona decide consumir drogas:

  • Que el individuo que se autolesiona no valore su salud física o mental por encima de los intereses que pretende satisfacer a través de esa acción. En este caso, llevarlo a la abstención implicaría adoptar la actitud perfeccionista de imponerle cierto valor personal.
  • Que el individuo valore su salud física y mental, pero no posea un conocimiento adecuado de los efectos nocivos de su conducta en relación con esos bienes. En este caso, sería absurdo recurrir a la compulsión.
  • Que el individuo valore los bienes que serían afectados si incurriera en la conducta en cuestión y conozca los efectos dañosos de tal conducta, pero esté física o psicológicamente incapacitado para abstenerse de ella. En otras palabras, se trata de “debilidad de la voluntad”.

La compulsión no es efectiva y hay que recurrir a procedimientos curativos. La “debilidad de la voluntad” juega un papel relevante, y los filósofos la rechazan a priori, ya que han adoptado un concepto de aceptación de un principio moral o prudencial tan fuerte que solo permite afirmar que alguien acepta tal principio cuando actúa de conformidad con él. En estos casos, es bastante claro que la amenaza de una pena puede servir para fortalecer la voluntad del sujeto imprudente. La existencia de estos casos justifica, sin duda, una injerencia paternalista cuando es razonable suponer que la conducta autolesiva tiene a ese factor como origen de la mayoría de las situaciones; y esto ocurre, sobre todo, cuando la conducta prudente representa un costo ínfimo para gran parte de los individuos.

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