La Poesía Trovadoresca y su Legado en la Corona de Aragón
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La Poesía Medieval: De los Trovadores a Ausiàs Marc
A lo largo del siglo XII se producen los primeros testimonios escritos de las lenguas románicas, que certificarán la independencia del romance de cada territorio respecto al latín. En la Edad Media, las composiciones poéticas estaban indisolublemente unidas al canto, con acompañamiento musical de un instrumento. Los recursos del ritmo eran sometidos a imperativos musicales que tenían todavía una notación poco definida. En la península Ibérica, se conocen dos tradiciones: las jarchas mozárabes, dentro de la poética árabe de Al-Ándalus, y la trovadoresca, escrita en occitano. El área del Languedoc desarrolla de manera esplendorosa la primera producción literaria culta y diferenciada de la latina. Se llamará lírica trovadoresca porque los trovadores son los creadores de las composiciones.
El Amor Cortés de los Trovadores
Aunque se conoce una variedad de temas y subgéneros en las composiciones poéticas de los trovadores, la canción y el peculiar concepto del amor cortés son centrales. Este amor, recreado en una corte, traslada las relaciones de vasallaje medievales y su ceremonia a las relaciones amorosas. La amada será la señora y el trovador enamorado, su vasallo. El amor cortés se limita a una especie de juego literario galante, de homenaje a la belleza y a la nobleza de una dama de palacio. Las damas casadas tienen siempre una posición preeminente en el castillo. La figura del marido celoso y géneros como el alba, en que los dos enamorados deben separarse antes de que despierte el castillo, son motivos poéticos muy utilizados en las composiciones.
- Sirventés: de crítica social o política.
- Pastorela: con una forma dialogada.
- Lamento: una elegía fúnebre.
- Danza o balada.
Los Trovadores y Poetas de la Corona de Aragón
Los poetas empleaban siempre el occitano. Las razones que explican aquel entusiasmo son el prestigio de aquella lírica primigenia en romance y las aspiraciones hegemónicas que los reyes de la Corona de Aragón tenían en tierras de Occitania. Para conseguir ser los senyors (señores) de las tierras de la actual Occitania francesa, no dudaron en asumir como propia la cultura trovadoresca, la de sus vasallos, y una religiosidad imbuida de ideales místicos cristianos, como el catarismo, que se extendía por las tierras occitanas. Se habla de una época Alfonsina de la poesía trovadoresca durante los reinados de Alfonso II y de su hijo Pedro II, quienes cultivaron la poesía y se rodearon permanentemente de trovadores occitanos y catalanes. En la batalla de Muret (1213), murió el rey Pedro II, lo que significó el fin de las aspiraciones de dominio de los reyes catalanes en Occitania, el final de la religiosidad mística de los cátaros y el ocaso de la época dorada de los trovadores.
Cerverí de Girona: El Último Gran Trovador
Guillem de Cervera, conocido literariamente como Cerverí de Girona, es considerado el último gran trovador. Produjo la obra más prolífica de todos ellos, entre 1259 y 1285. Cervera fue un profesional adscrito a la cancillería Real como juglar y poeta al servicio de Jaime I, después al de su hijo Pedro el Grande, y al del vizconde Ramon Folc de Cardona. Escribió tanto géneros populares, como el trobar leu (estilo ligero), como poemas de una gran riqueza formal, como el trobar clus (estilo cerrado).
Los Certámenes, los Tratados y los Libros Poéticos
Desde el siglo XIV, con el Consistorio de Tolosa, se institucionaliza la poesía cortesana mediante la organización de certámenes poéticos, entre los que destacaron el Consistorio de Barcelona y las sedes posteriores de la Gaya Ciencia. El ganador era reconocido como el mejor poeta y recibía como premio una flor de oro. Paralelamente a los certámenes, aparecieron cancioneros que recogían y difundían antologías de poemas trovadorescos, como el importante Cançoneret de Ripoll, en el que se encontraban modelos para imitar. La lengua occitana de las composiciones se hizo una impostura cada vez más artificiosa, lo que llevó a la redacción de obras como el Libro de concordancia (también llamado Diccionario) de Jaime March, o el Torcimany de Luis de Averçó. La lengua de los poetas se fue impregnando cada vez más del catalán que hablaban cotidianamente. La expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo propició que empezaran a conocerse e imitarse tímidamente modelos culturales y literarios italianos.