El Primer Motor Inmóvil: La Primera Vía de Santo Tomás para la Existencia de Dios

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La Primera Vía Tomista: Del Movimiento al Primer Motor Inmóvil

La noción de movimiento hace referencia a la observación fundamental que sirve de punto de partida a la primera de las vías tomistas para demostrar la existencia de Dios: la constatación de que en el mundo existe el cambio y el movimiento. Por su parte, la noción de Primer Motor nos remite a la conclusión de esta vía, donde se postula la necesidad de una primera causa que mueva todo y que, en última instancia, es identificada con Dios.

El Punto de Partida de Santo Tomás: La Existencia del Movimiento

Santo Tomás de Aquino inicia la primera de sus famosas Cinco Vías, diseñadas para explicar la existencia de Dios mediante argumentos racionales, afirmando que en el mundo hay movimiento. Esta premisa es innegable, ya que es directamente percibida por nuestros sentidos.

El Principio de Causalidad y el Regreso al Infinito

A partir de esta observación, Santo Tomás aplica el principio de causalidad, mediante el cual postula que todo lo que se mueve es movido por otro. Esta cadena de causas y efectos no puede retroceder indefinidamente, pues si así fuera, no existiría un primer motor y, por ende, ningún movimiento en los motores intermedios. Por lo tanto, es imperativo admitir la existencia de un Primer Motor Inmóvil, al que Santo Tomás identifica con Dios.

La Influencia Aristotélica: Potencia y Acto

Santo Tomás fundamenta su argumento en la idea de que las cosas cambian y se mueven. Este cambio es entendido como el paso del ser en potencia al ser en acto. La noción de movimiento la toma directamente de Aristóteles, quien la define como el paso de la potencia al acto. En su teoría de la potencia-acto, Aristóteles define el acto como aquello que ya es, y la potencia como aquello que no es, pero que tiene la capacidad de llegar a ser. Además, Aristóteles expresa las sustancias como el conjunto de materia y forma, concepto desarrollado en su teoría de la materia y la forma.

Ejemplificación del Principio de Causalidad

Según el principio metafísico de causalidad, que sostiene que todo tiene una causa anterior, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada puede moverse a sí mismo. Santo Tomás ilustra esta premisa con el ejemplo de la madera y el fuego, utilizando la teoría de la potencia-acto:

  • El fuego es caliente en acto.
  • La madera es caliente en potencia (tiene la capacidad de calentarse).
  • El fuego, al actuar sobre la madera, hace que esta pase de ser caliente en potencia a ser caliente en acto.

Es imposible que una misma cosa sea en potencia y en acto a la vez respecto a la misma cualidad, del mismo modo que es imposible que algo se mueva a sí mismo. Para reforzar esta idea, se puede considerar el ejemplo de un bastón: este no movería nada si no fuera movido previamente por una mano.

El Primer Motor como Acto Puro

La cadena causal no puede extenderse al infinito, pues esto implicaría la ausencia de un primer motor inmóvil, lo que a su vez anularía el movimiento en los motores intermedios. Por lo tanto, es necesario postular un Primer Motor. Santo Tomás equipara este Primer Motor con el Dios cristiano.

Este Primer Motor no puede estar compuesto de materia y forma, ya que esto implicaría potencialidad y, por ende, estaría sujeto a movimiento. En consecuencia, debe ser Acto Puro e inmaterial, características que Santo Tomás atribuye al Dios cristiano.