Principios Fundamentales de la Psique según Freud: Placer, Realidad y Repetición
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Principios de la Psique según Freud
Los principios son como las leyes que rigen el desarrollo de las pulsiones. Freud habló primero de dos principios: el principio de placer y el principio de realidad. Cuando modificó su teoría de las pulsiones para introducir la pulsión de thanatos, introdujo un nuevo principio: la compulsión de repetición.
Principio de Placer
Toda la actividad psíquica persigue la búsqueda del placer y la disminución del displacer, entendiendo como placer la disminución de la tensión, es decir, conseguir una descarga de las pulsiones. Este es el principio que rige el ello, quien no se preocupa en absoluto de la supervivencia del individuo o de la disminución de la ansiedad. Es asimismo el principio que rige los procesos primarios, los cuales no se guían por pautas lógicas o temporales. Ejemplos de procesos primarios son los sueños, donde se representan los deseos elementales de la persona.
Principio de Realidad
Es una modificación del principio anterior. La satisfacción inmediata e irrefrenable de los deseos llevaría a la persona a conflictos graves con el exterior y a su extinción, por lo que se hace necesario un modo menos arriesgado de buscar el placer. Éste se consigue dando rodeos para alcanzar lo que se desea o aplazando su consecución. El principio de realidad supone la satisfacción de las necesidades, pero teniendo en cuenta la realidad. Esto es llevado a cabo por el yo, quien utiliza para lograr sus objetivos los procesos secundarios, que son procesos mentales superiores que permiten al individuo ajustarse a la realidad: el pensamiento, la representación, el proyecto, la memoria y el juicio. La imaginación, aun siendo un proceso mental superior, sigue fiel al principio de placer.
Compulsión de Repetición
En 1920, Freud escribe Más allá del principio de placer, donde se afirma que existe algo más radical que el principio de placer, y es la compulsión de repetición, por la que tendemos a repetir las experiencias fuertes, sean estas agradables o desagradables. Esta “compulsión” permite la conservación de las pulsiones y es la base de la pulsión de muerte (thanatos).