Racionalismo y Empirismo: El Sueño Cartesiano y la Crítica Humeana de la Identidad

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El Sueño de Descartes: La Reconciliación de los Hombres por el Pensamiento

Descartes expone todo esto en las Meditaciones Metafísicas y cuenta el sueño que tuvo en el campo de batalla cuando era soldado: soñó que la estructura del mundo era lógica y que era posible construir una ciencia general que diera unidad y fundamento a todo el saber. Pretendía reconciliar a los hombres por el pensamiento y acabar con la división de las ideas.

Podríamos decir que la máxima inicial cartesiana podría ser esta: «Piensa bien, esto es, con lógica, y acertarás». Todo esto implicó la necesidad de un método, y por eso escribió El Discurso del Método. El método está inspirado en la lógica aristotélica clásica y en el modelo matemático, que tan buenos resultados había dado a la ciencia desde Galileo. La consecuencia es que no hay misterios; todo se puede conocer con las ideas claras y distintas. Dicho con otras palabras, no hay analogía del ser, sino univocidad: la realidad está formada de naturalezas simples y conocer es intuir esas naturalezas.

Crítica al Concepto de la Identidad Personal (Yo)

La existencia del yo como sustancia, como sujeto permanente de nuestros actos psíquicos, no puede justificarse apelando a una pretendida intuición, ya que solo tenemos la intuición de nuestras ideas e impresiones y ninguna impresión es permanente, sino que unas se suceden a otras de manera ininterrumpida. Tenemos impresiones particulares de cada uno de los actos, pero reunir todas esas impresiones y decir que «yo» soy el sustrato o sustancia que ha realizado todo eso, es una suposición incomprobable.

El yo o persona no es ninguna impresión, sino aquello a lo que se supone que nuestras ideas e impresiones se refieren. Si alguna impresión originara la idea del yo, tal impresión habría de permanecer invariable a través del curso total de nuestra vida, ya que se supone que el yo existe de este modo. Sin embargo, no hay impresiones constantes e invariables.

No existe el yo como sujeto de la serie de los actos psíquicos. Para explicar la conciencia de la propia identidad, Hume recurre a la memoria: gracias a la memoria reconocemos la conexión existente entre las distintas impresiones que se suceden; el error consiste en que confundimos sucesión de estados de conciencia con identidad personal.