Sartre y la Escuela de Frankfurt: Conciencia, Libertad y Alienación

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La Conciencia y la Libertad en Sartre

El mundo es el ser en sí y la conciencia, el para sí. La conciencia es carencia de ser, es nada, y se define de esta forma respecto al ser. Ambos no pueden estar unidos. Mientras que las cosas son, la conciencia no es nada; simplemente hay en ella intencionalidad, pero en ella no hay nada.

El para sí carece de esencia, carece de naturaleza; la conciencia es libre. Nos encontramos existiendo sin estar determinados por nada ni por nadie. Cada hombre particular debe realizarse como un proyecto particular. No hay valores establecidos; el único valor es la libertad.

El para sí aspira a ser en sí. El vacío de ser aspira a algo, conservando su realidad de para sí. Es un proyecto ideal de ser, al mismo tiempo, el en sí y el para sí, lo que coincide con lo que en filosofía se ha definido como Dios. Por tanto, según Sartre, “el hombre es deseo de ser Dios”.

La idea de Dios, según Sartre, es algo contradictorio: si la conciencia fuese ser, dejaría de ser conciencia, y si el ser fuese conciencia, dejaría de ser ser. Este proyecto al que aspira el hombre es una pasión inútil, un absurdo. Este sinsentido, el absurdo de la existencia, produce un sentimiento: la náusea. Esta es la experiencia del hombre hacia la realidad cuando adquiere plena conciencia de que está desprovista de razón de ser, de que es absurda.

Alienación: Perspectivas de Marx y Horkheimer

Para Marx, la alienación se produce por una única causa: la propiedad privada de los medios de producción (esto es, fábricas, talleres, herramientas, telares, materias primas, etc.). El dueño de estos medios ordena y dirige el trabajo con el fin de producir más con menos gasto y así poder vender con ventaja sobre los otros propietarios. De este modo, aumentan los beneficios del propietario.

Para Horkheimer, en cambio, la alienación contemporánea ahonda sus raíces en la lógica de dominio propia de Occidente y de la civilización humana en general. No es, por tanto —como sostenía el marxismo—, la propiedad privada de los medios de producción la fuente de todos los males. Es la actitud de dominio lo que genera la propiedad privada. La supresión de la propiedad privada de los medios de producción no implica, necesariamente, la eliminación de las distintas formas de dominio.