Ello, Yo y Superyó: Conceptos Clave del Psicoanálisis Freudiano
Ello, Yo y Superyó: Pilares del Psicoanálisis
El Yo: Mediador entre el Ello y la Realidad
El Yo se desarrolla a partir del Ello. Su contacto con la realidad lo convierte en el mediador entre el Ello y el mundo exterior. A diferencia del Ello, que anhela ciegamente, el Yo percibe y comprende la realidad. La percepción, junto con la capacidad de manipular el medio, son las actividades características del Yo. Este controla al Ello, oponiéndose a menudo a sus exigencias, pero también se las ingenia para procurarle satisfacciones. En estas actividades, el Yo actúa como un oportunista y un diplomático.
El Superyó: La Conciencia Moral Internalizada
El Superyó representa la concepción infantil, oculta, sumamente inconsciente y poderosa de la moralidad. Se forma cuando el niño, en sus primeros contactos con el mundo, incorpora las prohibiciones paternas como parte de sí mismo. Se ha descrito al Superyó como el heredero del Complejo de Edipo. Se origina en el intento infantil de autodisciplina, de fortalecimiento contra los actos prohibidos mediante la internalización de las normas del mundo de los padres. El Superyó se organiza en torno al "debes" y "no debes" que derivan de las situaciones educacionales de la niñez, cargadas de un valor confusamente emocional. Debido a su intensidad emocional, el Superyó está más cerca del Ello que del Yo. Sin embargo, desde muy temprano, el Superyó adquiere poder sobre el Yo y le administra castigos por infracciones a su código, con una severidad que puede llegar a la crueldad. Cuando el Yo desobedece el código impuesto por el Superyó, la condena es el remordimiento y el pesar de la conciencia. Esta situación incrementa enormemente las posibilidades de conflicto interno.
El Complejo de Edipo: Amores, Celos y Conflictos
El Complejo de Edipo describe la situación en la que el niño se enamora de su madre y odia a su padre. Es posible que el niño también ame a su padre, adoptando una actitud ambivalente: amar y odiar a la misma persona. Este mismo complejo, aunque con una evolución diferente, se presenta en la niña: ella se enamora de su padre y odia a su madre, o asume ante ella una actitud ambivalente. Esta situación, con sus amores y celos intensos, sus conflictos y represiones inevitables, genera una enorme cantidad de tensión y esfuerzo psíquicos que pueden ser fuente de interminables trastornos emocionales.