Transformación Política en Galicia: De la Nobleza al Poder Real (1480-1530)
Es decir, los nobles fueron sometidos y tuvieron que marchar del Reino, pero siguieron gozando de su riqueza. Los monarcas más bien se esmeraron en contentar a los nobles vencidos, buscando su adhesión para utilizarlos en las empresas del imperio. Los acontecimientos políticos sucedidos en Galicia a fines del XV no pueden verse como algo exclusivo de este Reino, sino que hay que valorarlos teniendo en cuenta un contexto histórico en el que el poder real (también en Europa) se afirmó frente a los poderes de la nobleza.
La Xunta del Reino: Representación y Mediación
Será en la Edad Moderna cuando aparezca una “asemblea” nueva, que va a representar al Reino: la Xunta del Reino, que daba cuerpo en el plano político a la singularidad de Galicia dentro de la corona de Castilla. La institución representa al Reino en el sentido territorial y demográfico. Se va consolidando en la 1ª mitad del XVI, pero el proceso de institucionalización responde a los intereses de la propia monarquía, que precisaba de la mediación de las ciudades cabezas de provincia para hacer llegar a un mundo rural, dominado por los señores de los cientos de jurisdicciones y coutos, los pedidos fiscales y levas. Pues las Juntas estaban formadas por un cabaleiro-deputado por cada una de las 7 ciudades, y se reunían por iniciativa del rey o de sus representantes. No obstante, tuvieron una importante actividad desde 1599 a 1712. Con todo, no debemos obviar que la Xunta era una institución feble: la Xunta no defendía “libertades” que beneficiasen al conjunto de la población, por eso nunca hubo una identificación del pueblo con las Juntas del Reino. Desaparecen en 1833, con la división en las 4 provincias actuales.
Consolidación del Poder Monárquico y la Estabilidad Social
En el medio siglo que va de 1480 a 1530 la monarquía estableció en Galicia un marco institucional que operó hasta principios del XIX. Lo cierto es que hasta que remata la guerra de las Comunidades las reformas de los Reyes Católicos no se consolidan, pues cuando muere la reina en 1504, el conde de Lemos, el señor de Andrade y el arcebispo Alonso de Fonseca III se hacen con el control del Reino hasta 1522, sin contar para nada con la Audiencia y con el gobernador. La inestabilidad política motivó que la nobleza tomase precauciones ante posibles levantamientos de vasalos, pues los recuerdos de la grande rebelión irmandiña estaban frescos, lo que influyó para que la mayor parte de la nobleza acabase aceptando el nuevo orden político, que les garantizaba una seguridad que antes no tenían: ahora eran las instituciones monárquicas las encargadas de la paz social, y cuando estas dejaban de funcionar, como desde 1504 a 1522, los señores laicos y eclesiásticos debían estar preparados para imprevistos. Su pensamiento era: mejor un poder real fuerte que la amenaza de unos nuevos irmandiños.