Vanguardias decimononicas
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El término vanguardias surge en Francia durante los años de la Primera Guerra [1914-1917]. Su origen está precisamente en el vocablo francés avant-garde, término de origen militar y político, que venía a reflejar el espíritu de lucha, de combate y de confrontación que el nuevo arte del siglo opónía frente al llamado arte decimonónico o académico.
Desde el principio, el arte vanguardista adquiere una impronta provocadora contra lo antiguo, lo naturalista o lo que se relacionara con el arte burgués. No será causalidad que todas las primeras manifestaciones de estos vanguardismos estén repletos de actos y gestos de impacto social, como expresión de un profundo rechazo a la llamada cultura burguesa. La Primera Guerra, como expresión del afán imperialista y del profundo fracaso de esa burguésía por conseguir la paz, será el período en que, junto a actitudes diversas de rechazo a la guerra, afloren todas estas manifestaciones artísticas extraordinarias con una versatilidad y agilidad desconocidas hasta entonces. Los llamados ismos se sucederán uno tras otro.
La observación minuciosa de la vida. Sin embargo, a diferencia del Realismo, Baroja se basa en un personaje peculiar que se convierte en el centro de la obra.
Este personaje se desplaza por diferentes lugares y entra en contacto con otros personajes.
Los temas que aparecen en sus obras proceden de ideas filosóficas. Otro tema importante es la desconfianza en el hombre, que es el peor enemigo del mismo, Todo ello se resume en la contraposición entre vitalismo e intelectualismo, la cual se ve reflejada en sus personajes: por un lado los que sufren porque tienen un conocimiento total de la realidad, por otro lado, los que son ejemplo del “hombre de acción”, ideal opuesto al anterior. Estos son personajes un tanto románticos, que se escapan del mundo. En general son personajes inadaptados, marginales, carentes de amor y agnósticos o ateos. En cuanto al tema de España, Baroja reconoce su atraso y pone como modelos a los países del norte de Europa.
Su estilo es seco, rápido, en el que la base es la naturalidad, lo conversacional. De ahí la acción ininterrumpida, los cambios de escena, la profusión de personajes, las escenas dialogadas. El gusto por la aventura, lo truculento, el misterio.
La técnica básica es el viaje, se sigue al protagonista allá donde va. Él es el principio constructor de la obra. En ella, la estructura parece fragmentaria, el tiempo suele ser el presente, con pocas alteraciones. El narrador hace frecuentes comentarios sobre los sucesos y los personajes.
Desde el principio, el arte vanguardista adquiere una impronta provocadora contra lo antiguo, lo naturalista o lo que se relacionara con el arte burgués. No será causalidad que todas las primeras manifestaciones de estos vanguardismos estén repletos de actos y gestos de impacto social, como expresión de un profundo rechazo a la llamada cultura burguesa. La Primera Guerra, como expresión del afán imperialista y del profundo fracaso de esa burguésía por conseguir la paz, será el período en que, junto a actitudes diversas de rechazo a la guerra, afloren todas estas manifestaciones artísticas extraordinarias con una versatilidad y agilidad desconocidas hasta entonces. Los llamados ismos se sucederán uno tras otro.
Baroja
La observación minuciosa de la vida. Sin embargo, a diferencia del Realismo, Baroja se basa en un personaje peculiar que se convierte en el centro de la obra.
Este personaje se desplaza por diferentes lugares y entra en contacto con otros personajes.
Los temas que aparecen en sus obras proceden de ideas filosóficas. Otro tema importante es la desconfianza en el hombre, que es el peor enemigo del mismo, Todo ello se resume en la contraposición entre vitalismo e intelectualismo, la cual se ve reflejada en sus personajes: por un lado los que sufren porque tienen un conocimiento total de la realidad, por otro lado, los que son ejemplo del “hombre de acción”, ideal opuesto al anterior. Estos son personajes un tanto románticos, que se escapan del mundo. En general son personajes inadaptados, marginales, carentes de amor y agnósticos o ateos. En cuanto al tema de España, Baroja reconoce su atraso y pone como modelos a los países del norte de Europa.
Su estilo es seco, rápido, en el que la base es la naturalidad, lo conversacional. De ahí la acción ininterrumpida, los cambios de escena, la profusión de personajes, las escenas dialogadas. El gusto por la aventura, lo truculento, el misterio.
La técnica básica es el viaje, se sigue al protagonista allá donde va. Él es el principio constructor de la obra. En ella, la estructura parece fragmentaria, el tiempo suele ser el presente, con pocas alteraciones. El narrador hace frecuentes comentarios sobre los sucesos y los personajes.