Yrigoyen: Presidencia, Oposición Conservadora y Personalismo
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La Primera Presidencia de Yrigoyen
El 12 de octubre de 1916, la asunción de Hipólito Yrigoyen fue un espectáculo singular. La multitud que lo acompañaba arrastró su carruaje hasta la Casa de Gobierno.
Tal como lo había anunciado durante sus años de lucha para acceder al poder, Yrigoyen consideraba que él y su partido darían inicio a una nueva etapa en la política nacional. En ella, la **“causa”** pondría fin al dominio del **“régimen”**, es decir, a las prácticas políticas corruptas y fraudulentas que caracterizaban a los conservadores.
La Oposición Conservadora
Aunque había alcanzado la presidencia, el radicalismo solo obtuvo tres gobernaciones. El resto de los gobiernos provinciales quedaron en manos de los conservadores. En cuanto a la representación parlamentaria, los conservadores tuvieron la mayoría en la Cámara de Diputados hasta 1918 y el control del Senado durante todo el período.
Este panorama indicaba que el peso político que mantenían los conservadores obligaría al radicalismo a buscar un consenso.
Los enfrentamientos fueron ásperos en aquel momento de transición hacia la democracia real. Las ideas de **“causa”** y **“reparación”** constituyen un elemento fundamental para entender la política yrigoyenista: amparándose en la noción de que las autonomías pertenecían a los pueblos, el gobierno consideró legítimo eliminar a las administraciones conservadoras que habían alcanzado el poder mediante el fraude.
Casi la totalidad de las provincias fueron intervenidas por el Poder Ejecutivo sin darle participación al Congreso.
Para llevar a cabo la política de **“reparación nacional”**, Yrigoyen se apoyó en sus fieles seguidores de los comités radicales del interior, suscitando alianzas entre los partidos desplazados, que comenzaron a calificarlo de **“autócrata”**. En tanto, la oposición conservadora se refugió en la retórica de un respeto exacerbado por la legalidad constitucional que nunca había cumplido anteriormente.
El “Personalismo”
La identificación que Yrigoyen establecía entre los intereses del partido, de la nación y del pueblo lo llevaba a redimensionar su rol como delegado absoluto de la voluntad popular. Yrigoyen, representante simbólico de los sectores medios, irritó a sus adversarios y se convirtió, por su gravitación y su estilo **“personalista”**, en un factor de polarización política. Se estaba con él o en contra de él.