La Concepción de la Justicia y el Derecho en San Agustín de Hipona

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San Agustín de Hipona: Vida, Obra e Influencia Filosófica

Agustín de Hipona (354-430) vivió en la convulsa época de la caída del Imperio Romano. Su incesante búsqueda de la verdad lo llevó a través de diversas corrientes filosóficas y religiosas:

  • Desde Cicerón, al maniqueísmo.
  • Posteriormente, al escepticismo.
  • Luego, a Platón y al Neoplatonismo.

Este recorrido culminó con su conversión al Cristianismo. Aunque es considerado la figura más importante de la Patrística, también es tomado como el primer gran filósofo cristiano de la Edad Media. Su influencia fue enorme, extendiéndose al menos hasta el siglo XIII, e incluso más allá de la Edad Media.

La Justicia Divina como Fundamento del Derecho

Una sociedad será justa o de derecho solo si se funda en la justicia divina.

Consecuencias de la Ausencia de Justicia Divina

El pensamiento agustiniano establece una serie de consecuencias directas si la sociedad no se rige por la justicia divina:

  1. Si no hay justicia, no existe una sociedad fundada en el derecho. (La justicia, según San Agustín, consiste en que Dios impere sobre la sociedad).
  2. Si no hay tal justicia, tampoco puede haber propiamente “pueblo”.
  3. En consecuencia, tampoco existe la política o el “Estado”.
  4. Ni el hombre individual podrá llevar una vida ordenada en la que el alma rija al cuerpo y la razón domine los vicios.

Derecho, Pueblo y Política según la Justicia Agustiniana

El argumento parte de la idea central de justicia defendida por San Agustín: “que Dios impere sobre la sociedad”. Dado que el derecho es la expresión de lo que se entiende por justicia, el autor deduce coherentemente que sin esta justicia divina no existe una sociedad de derecho.

Además, sin ella, tampoco existe propiamente el “pueblo” o la sociedad, ya que esta noción implica o hace referencia a “derechos e intereses comunes”. Por último, tampoco puede existir la “política” o empresa común del pueblo.

Conclusión: El Rigorismo Teológico y la Sociedad Ordenada

San Agustín, impulsado quizá por un rigorismo teológico, considera que la justicia auténtica es aquella en la que se le da a Dios lo que le corresponde. Puesto que somos criaturas de Dios, debemos someternos a su autoridad y no a otras.

Por ello, concluye que solo es una sociedad ordenada, justa o de derecho aquella en la que se realiza plenamente esta idea de justicia; es decir, aquella que está orientada por las órdenes o mandamientos de Dios. Esto permite que cada individuo en esa sociedad pueda llevar una vida ordenada, similar a la del creyente que tiene por objeto de su amor a Dios y al prójimo.