Descartes y el Cogito: El Primer Principio de la Certeza Filosófica
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El Cogito Cartesiano: La Búsqueda de la Certeza Absoluta
Solo las ideas simples son, en principio, claras y evidentes. Pero, ¿cómo encontrar una idea evidente, que no sea falsa, para poder deducir la metafísica? Para este fin, el filósofo René Descartes elige un procedimiento fundamental: la duda metódica.
La Duda Metódica como Camino a la Certeza
Este método consiste en utilizar la duda de manera sistemática para encontrar la certeza. Descartes va a dudar de todo para ver si queda algo de lo que no se puede dudar. Los tres niveles principales de duda son:
- La fiabilidad de los sentidos: Se duda de la creencia en la fiabilidad de los sentidos, ya que estos a menudo nos engañan.
- La creencia en la razón: Se duda de las verdades racionales (incluso bajo la hipótesis de un Genio Maligno que podría hacerme creer que 1+1=2, siendo esto falso).
- La realidad del mundo exterior: Se duda de la creencia en la realidad del mundo, ya que todo puede ser un sueño.
Es posible dudar de todo esto porque muchas veces nuestros sentidos y nuestra razón nos engañan. ¿Cómo fiarnos siempre de ellos? Y si esto es así, ¿no es posible que lo que llamamos “realidad” sea, en verdad, un sueño? ¿Cómo estamos seguros de que no estamos soñando en estos momentos?
Descartes dirá que, si queremos proseguir con nuestra vida práctica, en cierta medida debemos seguir manteniendo estas creencias. Pero no son suficientemente sólidas para constituir un «primer principio» en el que se apoye la filosofía. Pero entonces, ¿de qué nos podemos fiar? ¿Dónde podemos basar la metafísica?
El Descubrimiento del Primer Principio
El filósofo descubrirá que existe algo de lo que no se puede dudar, y lo plasmará en su frase más famosa:
«Pienso, luego existo»
(En latín se conoce como «Cogito, ergo sum»).
De este modo, lo que se conoce como el Cogito, será el primer principio de la filosofía.
Intuición, no Deducción
«Pienso, luego existo» no es ninguna deducción, aunque lo parezca. Realmente es una intuición, es decir, una evidencia inmediata: «Yo existo pensando». Descartes piensa que la existencia de cada uno es algo absolutamente indudable. Incluso aunque hayamos sido creados por un Dios engañador, ese Dios no podría engañarme y hacerme creer que no existo. (¿Te suena al Arquitecto de Matrix?).
La Sustancia Pensante (Res Cogitans)
Ya tenemos el primer principio del que ha de derivarse todo lo demás, toda la filosofía. Ahora debemos construir la explicación de la realidad a partir de la única evidencia que poseemos: la de mi propia existencia como ser pensante. El modo como procede Descartes es el siguiente: primero, examinar qué soy yo. La respuesta es: una sustancia cuya esencia es solo pensar (la Res Cogitans).