Descartes: Sustancia, Yo, Dios y Mundo Exterior

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Gnoseología y Metafísica en Descartes

La Primera Sustancia: El Yo

Descartes se propone metódicamente dudar de todo: de los sentidos, del testimonio ajeno, de las verdades indiscutibles, etc. Se pregunta si existe alguna verdad de la que no se pueda dudar y que sirva de fundamento de todas las demás verdades. Y, en efecto, la encuentra en la propia duda. Porque si dudo, es porque pienso, y si pienso, es porque existo. Luego, la primera verdad evidente sobre la que no cabe duda es que existo: "Pienso, luego existo" (Cogito, ergo sum).

Ahora bien, no nos basta con confirmar la existencia del yo, sino que queremos conocer su esencia, lo que lo define. La esencia del yo es el pensamiento. Así pues, somos una sustancia pensante (res cogitans). Pensar no es solo afirmar, negar, dudar, razonar, etc., sino también querer, sentir...

En su búsqueda de una primera verdad evidente, se plantea Descartes la posibilidad de que a lo mejor pudiéramos ser engañados por algún "genio maligno". Pero enseguida descarta esta hipótesis porque hasta para ser engañados hace falta existir. Por tanto, no cabe duda de que si pienso, es porque existo.

La Segunda Sustancia: Dios

Concluida la evidencia de la existencia del yo, Descartes se plantea la posibilidad de que existan algunas otras verdades también evidentes. Se dedica a estudiar las diferentes ideas que hay en nuestra mente y descubre que hay tres tipos de ideas:

  • **Adventicias**: son las que hemos aprendido y proceden del exterior.
  • **Facticias**: son las que elaboramos dentro de nosotros mismos.
  • **Innatas**: son las que ya teníamos al nacer.

Entre estas últimas, según Descartes, está la idea de infinito. Esa idea no puede ser adventicia, porque nada de lo que captamos a nuestro alrededor es infinito. Tampoco puede ser facticia, porque nuestra mente es finita y no puede producir una idea de infinito. En consecuencia, tiene que ser una idea innata. Pero es evidente que, si no la hemos producido nosotros, alguien tiene que haberla producido, y como el efecto exige una causa, la idea de infinito solo puede ser causada por una causa infinita.

Así pues, podemos concluir que hay otra verdad evidente, que es la existencia de la sustancia infinita (res infinita), una sustancia a la que llamamos Dios y cuyo atributo esencial es la infinitud.

La Tercera Sustancia: El Mundo Exterior

Si Dios es el ser sumamente perfecto, ha de tener, entre otras perfecciones, la bondad y la veracidad. Precisamente por eso, si él es el creador del ser humano y, por lo tanto, de su capacidad de conocer y razonar, siendo bueno, no ha podido hacer una facultad como nuestra razón, que sistemáticamente se oriente al error.

El equivocarnos no depende de que nuestro entendimiento esté preparado para equivocarse una y otra vez, porque el entendimiento se limita a conocer. El emitir juicios acertados o equivocados no depende del entendimiento sino de la voluntad, que muchas veces, sin tener suficiente seguridad de que un juicio sea verdadero o falso, se atreve a emitirlo. Por lo tanto, el error depende de ese atrevimiento de la voluntad y no de que el entendimiento esté abocado al error.

Dios es bueno y no puede hacer que nos engañemos continuamente. Y llega a la conclusión de que lo que nuestro entendimiento capta como real, es real. Por lo tanto, podemos afirmar que la existencia del mundo exterior a nosotros es también una idea evidente.