Dimensión dionisíaca de la vida
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Crítica a la cultura occidental (la parte de su filosofía que dice “no”)
[1] La invención de la “Trascendencia”
La crítica de Nietzsche parte de que la cultura occidental está viciada desde su origen, desde Sócrates. Nietzsche analiza la cultura griega desde a las categorías de lo apolíneo y lo dionisíaco. -Dionisio (Dios del caos, la oscuridad, el devenir, la embriaguez, el desorden irracional...); -Apolo (Dios de la razón, la luminosidad, el orden estético, la armonía...). Sócrates interpreta el mundo desde el orden: inventa el concepto que recoge los elementos comunes presentes en la realidad, anula la riqueza de la vida. A partir de Sócrates, la filosofía se convierte en dogma, considera la realidad inmutable. Se anula así su dimensión dionisíaca, sin la cual, la vida misma desaparece. De ahí que Nietzsche salve a Heráclito de su crítica a la tradición filosófica, pues fue el único capaz de reconocer el carácter cambiante y ordenado de la realidad, y el valor de los sentidos para mostrar la apariencia. La imagen socrática de la vida adquiere una dimensión valorativa y moral en el dualismo ontológico de Platón. La cultura occidental es una cultura racional y dogmática, y por eso es decadente. La tradición filosófica se opone a la vida y a los instintos, y se empeñó en implantar el reino de la racionalidad. La preocupación de Nietzsche es explicar por qué los seres humanos vivimos en un estado cultural que niega la vida, y cómo superar ese estado. Nietzsche asume una nueva forma de filosofar a través de la poesía y la estética. Nietzsche explica una serie de razones de porqué ha triunfado la filosofía del “horror hacia la vida”: -los filósofos toman el trabajo de la razón como única verdad, por la necesidad de encontrar seguridad en un mundo cambiante, carecen del valor necesario para asumir el carácter irracional de la vida. Negando el cambio, niegan la propia vida. -el mundo del “ser” es falso, es una ilusión de los filósofos. La identificación Ser = realidad, Devenir = irreal, tiene un matiz moral. - la invención de la trascendencia es una “venganza” de los filósofos, motivada por la incapacidad para aceptar la vida tal y como es.